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7 de febrero 2008 - 00:00

Critican a EE.UU., pero con Enron no dudaron (Andersen ya no existe)

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En respuesta a la pérdida récord que le costó al Société Générale 4.820 millones de euros (u$s 7.134 millones), entre los nuevos dispositivos de supervisión que las autoridades del gobierno quieren instaurar figura el control reforzado. La atención se focaliza entonces en los procedimientos utilizados por esta institución.

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La intendencia administrativa de un banco es controlar la gestión de los riesgos, la buena información, el riesgo de tasa y el riesgo de cambio. Tanto se ha insistido en ello que a veces se olvida un poco el «detalle»: el primer deber del contable es luchar contra el fraude y los errores.

En noviembre de 2007 la cámara compensadora Eurex dio la señal de alarma, e interrogó al banco francés sobre la estrategia seguida por el operador en causa. El Société Générale, confiando en el trader, no se inquietó, o tal vez porque hubo complicidad con los jefes inmediatos.

El arbitrajista sospechado estaba bien armado para efectuar las operaciones no autorizadas. Años antes había trabajado en el middle-office ( departamento responsable de observar los riesgos y los resultados de una posición), y conocía bien los procedimientos de control. Para montar esas operaciones ficticias, fue necesario haber ido al sistema para crear las contrapartidas falsas, lo que es casi imposible, salvo si se acepta la idea de que contaba con todos los códigos. Además se debe suponer que el back office (el sector administrativo que se asegura la legalidad de las operaciones efectuadas a través de los registros contables y controles) confirmó esas contrapartidas. Todo eso parece irreal.

Las operaciones reales no autorizadas habrían sido disimuladas por las operaciones ficticias siguientes:

  • compra o venta de títulos o warrants con fechas diferentes confirmadas únicamente algunos días antes de la fecha valor;

  • transacciones sobre futuros con una contrapartida en «espera de designación» que no llegaba al sistema de backoffice;

  • Forwards con una contrapartida interna al grupo que no daban lugar a llamadas de pagos de margen;

  • Forwards con una contrapartida externa acompañada de una preconfirmación falsificada a efectos de evitar las preguntas en caso de diferencias contables intragrupos.

  • Las posiciones

    Se presenta también el monto de las posiciones monetarias, ya que es normalmente casi imposible tomarlas en esa abismal magnitud. Y por otra parte está el problema de los límites de la pérdida, ya que cuando las pérdidas potenciales superan un cierto zócalo se lanza la alerta.

    Si se tratara de posiciones de 10, 20 o 30 millones de euros, que ya es bastante, podría aceptarse que las operaciones estuviesen maquilladas, pero 50 mil millones de euros... O bien se está en presencia de una red de complicidades, o el trader era extremadamente dotado, o el sistema de control interno del banco era raro o extravagante.

    Es indispensable comprender los mecanismos bancarios que condujeron a esta pérdida récord. Este riesgo proviene de tres factores: de un proceso interno inadecuado o que falle; de personas y sistemas, o de acontecimientos externos.

    El respeto de la «muralla de China» entre el front office (el trader que hace la negociación de la operación, si se quiere, la vitrina del banco) y el back office (control y contabilización de las operaciones) debe estar siempre presente para garantizar la independencia rigurosa entre el front office y las unidades de control.

    Las proposiciones de la ministra de Economía de Francia que revelan ante todo sentido común no aportan gran cosa, salvo la vigilancia de las masas monetarias nominales de las operaciones, por oposición a aquella de las posiciones netas, que hacen aparecer un riesgo de mercado limitado.

    La solución es reforzar la tecnicidad de los controladores y no teorizar. Resulta trivial decirlo porque es un principio generalizado, pero la lección a retener es que todo sistema puede ser contorneado. Ya se ha visto en el caso de Baring Brothers. Es necesario prever entonces un segundo nivel de seguridad.

    A diferencia de los mercados organizados y reglamentados como el bursátil -en el que los fraudes son casi imposibles porque las posiciones de cada una de las instituciones están centralizadas y son conocidas- el mercado de las opciones no está reglamentado.

    Es difícil saber dónde detenerse, trazar por ejemplo sobre los mercados de opciones la línea entre protección y especulación.Y no se pueden prohibir las opciones, porque todo el mercado del ahorro salarial funciona con las garantías en capital que únicamente este mecanismo de opciones permite obtener.

    Bajo el pretexto de no alentar los mercados en situación de monopolio, Bruselas y las finanzas anglosajonas dispusieron que no se reglamente, cuando se podría muy bien tener una competencia entre mercados no reglamentados, e imponerles una centralización de la información sobre las transacciones para crear una segunda cortina de seguridad.

    Le corresponde entonces a cada banco precaverse con respecto a la seguridad de las transacciones. Y ello con el riesgo de defecto o falla que el Société Générale acaba de conocer.

    Una exposición de 50 mil millones de euros (74 mil millones) era superior a los fondos propios del Société Générale, y cuando el presidente está sentado encima de semejante bomba busca naturalmente desactivar la posición lo más rápido posible. La pérdida de 4.820 millones de euros es ampliamente inferior al capital y reservas del banco, por eso se inclinó a elegir esa salida rápida, sabiendo que el riesgo sistémico estaba así descartado.

    Los auditores externos debieron dar su opinión con respecto a los controles internos implementados por el banco. O bien dieron la alerta cumpliendo con su misión en el segundo semestre, y su discreción es respetable, o quiere decir que no vieron nada. El Comité de Auditoría y la Comisión Bancaria tampoco.

    El desempeño de estos auditores deberá ser examinado. Aunque deben dar una seguridad razonable, su rol no es omisible ni puede ser indiferente, ya que deben evaluar e identificar los riesgos de fraude que puedan conllevar anomalías significativas en las cuentas.

    Una de las normas que rigen la profesión está relacionada con el fraude. Homologada en abril de 2007 por el Ministerio de Justicia de Francia, precisa claramente que «en el momento en que comienza la misión de auditoría están obligados a ejecutar una diligencia activa de detección del fraude».

    Esta norma impone diligencias apremiantes, y fue redactada por profesionales de la Federación Internacional de Auditores (IFAC) antes de ser llevada a Francia. Ella va en el sentido de la transparencia deseada por la ley de seguridad financiera de 2003. Es cierto que el auditor tiene una obligación de medios, pero cuando se inicia un sumario financiero debe poder explicar cómo llegó a esas conclusiones.

    Los estudios Ernst & Young Audit y Deloitte y Asociados hablan de la sinceridad de las informaciones brindadas, pero no apreciaron ni se expidieron con respecto a los procedimientos implementados por la Société Générale.
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