La meta de mantener congelada la base monetaria llevó la tasa de política monetaria (LELIQ) a superar el 70% anual, cuando a comienzos del acuerdo con el FMI se encontraba en el 40%. Con una inflación anual cerrando en torno el 47 y 50% en 2018, la tasa de rendimiento real con que el BCRA subsidia a las entidades financieras se encuentra 20 puntos porcentuales arriba de la inflación, y muy por encima del 20% de costo de fondeo de los bancos.
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Sin embargo, las tasas de los plazos fijos que pagan las entidades a los ahorristas (de entre 44 y 55%, en sintonía con las proyecciones de inflación), se sostienen en parte del subsidio del BCRA a las entidades vía LELIQs. De esa manera, un desarme de las LELIQs puede tener un impacto indirecto en las tasas de los plazos fijos y, por esa vía, en la demanda de dólares.
Así lo refleja el propio proyecto de presupuesto del oficialismo, al estimar una contracción de la inversión real cercana al 10% para 2019. La caída del 40% interanual en las cantidades importadas de "Bienes de Capital" en septiembre, es otro indicador de como el programa económico oficial dejó de lado la expectativa de una lluvia de inversiones para pasar a promover su sequía.
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