27 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátil

Se precisa de una idea-fuerza, de ésas capaces de sacar al mercado de dique seco y ponerlo a navegar. Después, lo que suceda en alta mar ya es cuestión de las fuerzas naturales: siempre una nave asume los riesgos, pero navega, cumple con el espíritu para la que fue construida. Un navío varado es como un marco ocioso, sin cuadro, se conserva igual: pero no sirve para nada. Y un mercado como el que hemos estado viendo en su agotamiento de órdenes, no le sirve a nadie. Ni a la demanda, porque comprar alguna cantidad superior obliga a subir de precios, jugando contra el propio dinero. Ni a la oferta, porque tratar de colocar cierta orden de relevancia obliga a desmejorar las cotizaciones, hasta que se las tomen. Ni tampoco al sistema, que luce un recinto bien construido y bien dotado, como si fuera uno de los momentos históricos de la ciudad: con orden de ser preservado, pero solamente como imagen de un pasado al que se quiere recordar. Tampoco es útil a aquellos empresarios que tenían intención de sumarse a la oferta pública, habida cuenta de tener que botar su barco cuando no hay calado y se corre el riesgo de llevarse un chasco. Ni qué hablar del simple inversor -¿cuántos quedan?- que se tiene que encomendar al trading diario y ver perder una de las condiciones esenciales: la liquidez para moverse. Si la Bolsa todavía es espejo de la realidad que la circunda, si además conserva la condición del anticipo, lo que está mostrando y produciendo no condice con algunas muestras entusiastas que se difunden sobre el camino en que está inmerso el país.

Siguen estando en pie los temores por la situación del arreglo con acreedores de bonos. Del visto bueno del Fondo a las últimas presentaciones. Más todo lo que puede sumarse, de los bochornos diarios en que se sumen los funcionarios y parte de la sociedad. Es un paquete denso, pero parte del mismo estaba presente antes y se arrastra como los «no asignados» en los balances. Sin embargo, nunca como en estos tiempos se llegó a caer tan bajo en actividad. La tendencia debe romper hacia uno de sus lados, si ése es el problema, si todos se neutralizan entre todos, entonces estaríamos ante un problema intrínseco: que ojalá fuera de tal origen, porque está en manos de los participantes desarmar la madeja, sea subiendo o bajando al índice. No pensamos encontrarnos en un valle como el aparecido, después del desarrollo del año anterior y parte del actual. Se podía suponer una detención de incrementos, un vuelco inclusive de la tendencia, algunos contusos, pero no una plaza mendigando órdenes para cubrir el horario. Los efectos colaterales que pueden derivar de una persistencia en tales términos, no son sencillos de mensurar: pero la causa está cobrando forma y las derivaciones deberán afrontarse. Bien harían las fuerzas vivas del sistema, analizar el momento y procurar alertar sobre la postración que sufre el mercado.

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