Estamos leyendo una extensa nota que George Soros escribió para el suplemento económico de «El País», de España, y allí se desplaza de banda a banda con un tema que es indudablemente gancho en la actualidad. Bajo el título de: «Cuando reventó el boom de Internet», incorpora conceptos que vayan mucho más allá del simple juzgamiento de un ciclo de subas y de bajas. Obviamente, de una nota que casi ocupa una página a este espacio reducido que poseemos no queda otra que extraerle algunos párrafos al lector. Quizá sea material de su interés, por el halo de misterio de que supo rodearse este personaje tan polémico del mundo de los mercados. Empecemos con estas ideas de Soros, a ver cómo le caen: «Cuando los mercados financieros dicen que una compañía está bien, sus elementos fundamentales mejoran. Cuando los mercados cambian de opinión, el destino mismo de las compañías cambia también. Más aún, los cambios en los mercados financieros también tienen consecuencias macroeconómicas importantes...» Esto encaja con aquello que apuntamos días atrás, cuando comentamos esa fórmula moderna que parecía persistir en estos años, donde se daba el absurdo de que las empresas deben realizar aquello que les marcan y proyectan los «research», en lugar de cubrir lo que sensatamente se pueda desde el terreno empresarial, y si tal premisa no se cumple, pues a la lona con el valor de sus acciones. Soros lo afirma, sin crítica, acaso, viendo que es ésa la secuencia natural a seguirse. Algo que, para usted que tiene acciones, puede resultar preocupante. Saber que en vez de estar en manos de los hechos fundamentales de una empresa, está a merced de los que deciden -desde afuera y sin producir un gramo de nada- cuánto debe ganar, o perder, una firma. Sobre el final de la nota, se queja amargamente Soros porque le descalifican sus teorías. Y porque lo suyo apunta a indicar que «los mercados financieros son inherentemente impredecibles». Ahora bien, imaginemos el circuito global, donde mercados impredecibles son los que marcan los fundamentos de las acciones y las empresas. ¿En qué caos se debe desenvolver un inversor para poder acertar una dirección confiable? Finalmente, y esto lo repite a menudo, George Soros solicita que se reconozca la incertidumbre del mercado y que «las autoridades financieras se ocupen de evitar los excesos». Un principio de intervención que, si lo hubieran aplicado en sus desalmados ataques a monedas, probablemente le hubieran acotado la carrera. De todos modos, la nota completa posee atractivos y a menudo se podrá estar a favor, o en contra, de las apreciaciones de Soros: porque él mismo se mueve en direcciones opuestas muy a menudo.
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