Estamos limpiando los cajones de la biblioteca, montones de papeles que uno va juntando hasta que todo es una montaña de informaciones y lo valioso suele quedar debajo de la pila. Tropezamos con un Ambito de abril de 2001, un jueves 19, y un titular nos promueve el interés: «Pou se resiste a que usen dólares del Central». La volanta de esa nota de página, nos dice que «Rechazaría el decreto de reforma de la Carta Orgánica que pide Cavallo y que liberaría u$s 3.000 millones». En aquel entonces, lo guardamos por esa disputa entre el después removido titular del Banco Central y un flamante ministro, que venía a llevarse todo por delante con sus superpoderes. Ahora, a solamente unos ocho meses de ello y a la vista del presente desastre total, pensamos si no es que ese diario, de ese día, no habrá resultado el dato clave para colocar el monolito de la debacle bancaria, y de reservas, que se nos vino encima. La controversia decía en ese momento, y de parte de Cavallo, que bajando las inmovilizaciones de los bancos habría más plata en el sistema financiero para prestarles al público y las empresas. Y si esa masa de capital se quedara en el país, los bancos se verían obligados a bajar la tasa doméstica. En el otro rincón, Pedro Pou sostenía que los encajes son una protección que conjura las crisis financieras y que la medida no generaría una baja de tasas... Hoy, sabemos quién tenía razón, y también sabemos que en esa puja que se había planteado, la gran mayoría apoyaba a Cavallo y pedía que dejaran actuar al supuesto genio de las finanzas argentinas. La calidad de las reservas al diablo, la aparición de bonos sustitutos, y una desaparición de dólares que constituye uno de los grandes misterios -por lo oculto que se mantuvo- sobre el que difícilmente, como es norma, se llegue a determinar desvíos y culpables.
La mentira sistemática, uno de los grandes dramas de nuestro país. Esa mentira que nos hacía «ganar» la Guerra de Malvinas, hasta un par de días antes de tener que anunciar -súbitamente- la rendición. O advertir que de una semana para otra los bancos, el sistema, no puede hacer frente a sus obligaciones. Un presidente que debuta con un compromiso de devolver depósitos en «moneda de origen», para borrar esto unas semanas más allá y diciendo que «no hay dólares en el país para hacerlo...». Ocultar la realidad, dibujarla, tender el vil argumento de: «No tirarle pálidas a la gente...». O, el todavía más canalla de decir: «No digas la verdad, porque la gente no entiende». En lo relatado sobre Pou y Cavallo, lo más incomprensible es que el otrora presidente del Central se «enteró de la existencia del decreto, hablando el martes a la noche con el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo...». Finalmente, Pou afirmaba que: las tasas bajarían sólo al descender el riesgo-país y no a partir de una expansión monetaria, sin su correspondiente contrapartida en las reservas internacionales... (nos quedamos con Cavallo y así nos fue).
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