Se está oyendo todo tipo de propuestas, desde algunas que suenan a razonables hasta las más trasnochadas, y que vienen de todos los rincones ideológicos, como de las tantas escuelas económicas. Una mezcla de personajes que pululan por los medios y cada uno pretendiendo traer la verdad debajo del brazo (y en la punta de la lengua). Cuando en realidad, un principio de solución para los problemas argentinos es que muchos que no hablaron oportunamente para detener la fatal caída, ahora callen por recato sino por vergüenza. Pero no, es una loca carrera para ocupar los espacios vacíos: parece el divertido «baile de la escoba» que todo lector con algunos años recordará (no sabemos si hoy en día todavía se lo utiliza, en ciertos ámbitos bailables) y donde al detenerse de pronto la música, había que encontrar pareja o... bailar con la escoba. En lo político, pero también en la vidriera de la fama, se anotan nombres de todas las edades (y pasados). Y dentro de la bolsa de gatos nativos, surgen también los que quieren imponer más impuestos, o subir algunos, o encontrar nuevos bolsillos para agotar. Se hablan entre ellos, lo exponen por la palabra o la escritura (llega la hora de suspirar por la perdida convertibilidad y hasta de pregonarla para imponerla de nuevo... pero, con cambio más alto).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En lugar de ir a los grandes, al fondo de la historia, de las raíces, buscan improvisar algo para ver si funciona, como de casualidad. Si fueran hasta el 1800, hallarían a un David Ricardo para pedir consejo (quien relea su historia, sabrá cuán brillante era) y este hombre sumamente exitoso, y sensato, le podrá acotar que: «El mejor de todos los planes económicos es gastar poco y el mejor de todos los impuestos es el menor en cantidad», recordando la áurea máxima de M. Say. Por allí, como si estuviera en la Argentina 2002, Ricardo le arrojará esta reflexión: «Un país cuya situación financiera se ha hecho sumamente artificial por haber adoptado la política perjudicial que consiste en acumular una gran deuda pública y en imponer, en consecuencia, a sus habitantes una enorme tributación, está expuesto a los inconvenientes que presentan ciertos impuestos. Después de haber gravado los artículos de lujo, un ministro se ve inducido a recurrir a tributos más directos (como sobre la renta, o la propiedad)». «El uso de las cosas que el hábito ha hecho sumamente agradables, será abandonado con renuencia y éstas seguirán consumiéndose, a pesar de un impuesto sumamente oneroso. Pero, esta renuencia tiene sus límites y la experiencia demuestra cada día que un aumento en el importe nominal del impuesto, a menudo hace disminuir la producción. Y no es por falta de recursos que se abandona el consumo sino porque no quieren pagar más...». Tomar nota, señores. Informate más
Dejá tu comentario