¿Será el método salarial que se viene, en el solamente capitalista nuevo siglo? Un aspecto que no se ha remarcado, pero que es fundamental, de un mundo que tiene tantos conflictos abiertos y con sociedades disgregadas. El hombre ha entrado en el milenio nuevo con una serie de distintos tonos, pero no de color; el color es solamente el del capital, al que se tratará de manera más o menos salvaje, con algún dejo del viejo socialismo, o simplemente como trago puro. Pero, variantes de un mismo tronco. Y, dentro de esto, hay una cantidad de cuestiones en permanente cambio actualmente, a un ritmo que a unas sociedades les cae dentro del ritmo asimilable, pero a otras les queda tan holgada la medida propuesta desde el Norte que gene-ran fracturas y que posiblemente resultemos ejemplo actual de varias de ellas. Pero afuera hay cambios que se gestan y uno de ellos toca de cerca no solamente al rubro del que nos ocupamos en nuestra columna, sino al de los que viven del sistema financiero y bursátil: es la nueva de Merryl Lynch, una casa de larga trayectoria mundial -el mayor corredor de Bolsa, se dice-que viene enojada en su directiva, debido al pago de 100 millones de dólares de multa que le impusieron. No se sabe si esto es un desquite por equivocaciones que cuestan mucho o el modo de sacar partido de una coyuntura y poner en práctica algo que en épocas más normales no sería admitido. Eligieron esta instancia para anunciar que se terminaron en su seno los grandes sueldos de modo fijo e inamovible; seguramente estarán también en danza los famosos «bonus», y ahora tendrán que ajustarse los cinturones sus analistas y concentrarse muy bien en lo que hacen... ... Porque, de lo contrario, esos sueldos pueden ir bajando, y bajando, y bajando más, en la medida en que no se cum-plan dos condiciones leoninas:
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A) La certeza de las predicciones de los que analizan. B) Los beneficios que ellos les hagan generar a los inversores de la firma. ¡Casi nada, Merrill! Estas disposiciones poco tienen que ver con aquella personalidad que, según se puede haber leído, tenía su fundador y el que diera su nombre a este gigante de los negocios. Hacer jugar de adivinos a sus operadores es poco menos que nulo como obligación. Y pretender llevarlos solamente a un «equis» de lo que hagan ganar a otros, suena a un uso indebido de la fuerza. Que podría encajar bien para lo que eran gratificantes «extras», los famosos «bonus», pero en lo que hace al sueldo de bolsillo de esa gente resulta una especie de «ruleta rusa», obligada a jugarse en cada día de trabajo, en cada pronóstico, en todo consejo de inversión. ¿Se logrará un rinde superior con las personas sujetas a presiones extremas? ¿Se hará mejor profeta alguien porque le vaya el sustento en juego? Y si aparece una estrella en el equipo, alguien que meta un acierto tras otro, ¿para qué trabajaría para otro? Un mundo donde: «la sopa es reina y el dinero es rey»... Informate más
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