Con un Merval de 74 dólares, gracias a que la divisa reconoció una zona de calma en la pasada semana y debiendo pagar dos veces por el mismo terreno, se presenta feroz el panorama para las acciones que siguen en pie y en una carrera contra el destino que es loable. No perdemos ocasión en transmitir nuestra impresión sobre el tan especial momento histórico, tanto a directivos de las entidades bursátiles que se nos puedan cruzar como a empresarios e inversores. Es muy simple el concepto, quizá tan simplón y bobo como el «luló-metro» que dice poseer un autor por detrás, cuando utiliza las bases más pueriles y viejas de cualquier tipo de índice que desee seguir una progresión. Aquello de «bajar el real si Lula sube en la encuesta, o subir si declina» resulta tan superficial como lo que venimos opinando de nuestro mercado accionario... «es un milagro que pueda abrir y trabajarse en un país que vio estallar su indispensable sistema circulatorio y que prosiguió congelado por semanas y meses». Pero creemos que es menos banal este concepto sobre el mercado argentino que esa petardeada organizada para darle una mano al candidato perdedor del vecino país. Los tiempos cambian, son mucho más burdos en varios de los aspectos que no hacen a cuestiones palpables. Por caso, ya las confabulaciones son a carta abierta, difundida por los medios con total normalidad. Y es uno de los grandes pecados de la información actual: parece estar anestesiada en ciertos aspectos, que deberían destacarse con toda la agudeza que merecen. Ni las aberrantes declaraciones de Bush y su directa forma de hacerse dueño de todas las fronteras y de todas las puertas, sin permiso, ni declaraciones de personajes públicos como Soros sobre las elecciones brasileñas han tenido lugar en primera plana con carácter de enunciado principal. Y nada de lo sucedido en esos días se le acercaba en importancia. Por lo tanto, hay que considerar que las redacciones veían como hechos de rutina ambas declaratorias (obviamente, lo de Bush es mucho más serio y preocupante). Al respecto, bien vale una anécdota para cerrar la columna de hoy. Y es de nuestra interna, cuando el lunes por la tarde nos llaman desde la sala de diagramación del diario y nuestro amigo operador nos comenta: «Pusiste en los cupones para mañana la expresión sobre el ‹desgraciado de Soros...›. ¿Era eso? Porque nos pareció un poco fuerte». La respuesta: «Sí, está bien, era eso. Este hombre nos merece el calificativo y no creemos faltarle el respeto. En todo caso, no es un insulto. Y bien le cabe dejar como excomulgado a quien tanto mal reparte sobre los pueblos del mundo con tal de sacar partido vil». Y, pensamos, que Dios nos perdone. Pero alguien capaz de difundir que «el norteamericano vota, el brasileño no vota» (ante elecciones en Brasil y siendo extranjero) tiene un modo miserable de subestimar a la gente...
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