16 de julio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

La «Rueda del «NO», bautizamos desde nuestra sección a la jornada del miércoles pasado y que -desafortunadamente- vino a coincidir con los festejos por el 148º aniversario de la Bolsa de Comercio. Es posible que la historia de estos tiempos, según nos lleve el viento político, ya haya agendado que el «10 de julio» fue el día donde se conoció la decisión negativa de Carlos Reutemann, para ser candidato.

Esa definición tiñó esa rueda, y la siguiente, convirtió a un buen nivel de secuencias alcistas en dos tropezones serios del Merval (con más de 4% una rueda, 3% de baja la siguiente). Y también generó un tablero revoleado en el plano político, forjando las mil y una hipótesis, dando buen paño para que todos se animen a encastrar alguna hipótesis, sobre la derivación de esto. Pero, lo nuestro es el ambiente y entorno bursátil, aunque a veces dejemos las orillas y nos internemos bastante aguas adentro, de la simple isla donde cotizan los papeles del mercado. Necesidades, porque es cierto que todo repercute en la tendencia e índice de una Bolsa, como si resultare el «hígado» del cuerpo humano: receptor de cuanto disturbio y desarreglo, surge por nuestro organismo.

Esta vez, dejamos a los analistas políticos el subirse a las naves y entrar a esas aguas profundas, mientras nos quedamos a seguir decantando cómo cambió una semana de animosos espíritus por disfrutar de un acto aniversario, de buenos talantes y esperanzas. Por un clima de nervios e incertidumbre que coparon a la ceremonia del anochecer, desde esa media tarde donde corría la voz de la ausencia de Duhalde, al acto bursátil. Días atrás recordábamos que en la primera autoridad -en plena guerra interna- por fuerza mayor. Después de esto, no tenemos estadísticas, pero -al menos en los últimos 30 años- en la porción histórica que vivimos dentro del sistema, no recordamos una ausencia de este modo anunciada: sobre la hora, sin miramientos, dejando plantados a casi 150 años de historia en los mercados y el comercio. No por enfermedad, ni por supremas actividades inesperadas, solamente porque un supuesto candidato lo dejaba pagando...


Gobierno de apuro, suplente, comportamientos muy ambiguos en casi todas las cuestiones. No puede tampoco pedirse demasiado, ni siquiera de un Lavagna que venía para «estar en el banco» y a quien le avisaron que se pusiera los cortos, porque iba de titular. El ministro de Economía, sin tiempo -o sin ganas- de armar algo para la ocasión, desempolvó un reciente discursillo en otra entidad, cambió alguna cosilla aquí, otra más allá, disimulando lo indisimulable: y se encomendó a que un par de novedades y algunas lisonjas al sistema, cubrieran a un desnudo con la premisa de que la gran mayoría: lo viera vestido. Como era «fiesta», todo miraron para otro lado.
Nadie escuchó.

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