17 de julio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

No pueden quedar dudas acerca de un giro político que complicó la secuencia bursátil de manera ostensible y como si los operadores estuvieran jugando sobre seguro a que una candidatura de Reutemann, con alineamientos oficiales inmediatos, iba a generar algún shock de confianza. Acaso pensando en que esto resultaría más todavía visto desde el exterior que desde la propia atmósfera interna, local. Muy envuelta y remojada en graves cuestiones diarias, de todo tipo, como para poder establecer análisis tranquilos sobre candidatos, posturas, conveniencias futuras. Todo lo que decimos en este prólogo de Cupones de hoy responde -por si el lector se lo imagina de otro modo- a un juguetear animoso de un periodista que trató de armar un rompecabezas y relacionando el «No» de Reutemann con el vuelco de la cadena plenamente alcista de las acciones nacionales. Cierto es que si la semana resultó bien negativa, por culpa del miércoles y el jueves, el viernes se pudo remontar el mínimo del índice y depositarlo en el cierre casi con el máximo, apenas levemente bajista, en el total de la rueda. Esto está apareciendo en miércoles (de paso esperamos que les haya agradado el suplemento aniversario que apareció el lunes) y no sabemos los resultados de lunes y martes, porque ya estaban enviados los Cupones. Pero algo se ha dejado por el camino en estos avatares tan difíciles de asimilar, como para que un presidente de la Nación anule su visita -con todo el papelón que ello significa- a los festejos de la Bolsa, unas horas antes del acto y después de los hechos de las declaraciones de Reutemann.

Dijo Lavagna, en ese improvisado discursillo que debió ofrecer en la ceremonia bursátil, que el decreto sobre la vuelta de la inflación a los balances estaba allí, nomás. Aprovechó para deslizar todas las culpas de esto para los patrimonios netos negativos, que se están viendo. Aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones, por cuanto las brechas se han ampliado en función de la devaluación sobre los pasivos, de terribles saldos finales que se comen el patrimonio, y el aplicar el REI solamente resultará una pomada sobre la herida por la que fluye mucha sangre empresaria; ahora, cuál es la profundidad de la herida resulta el dilema y saliendo de superficie, esa pomada ya no puede suturar nada. Y en esto se vuelve siempre al tema de base, los grandes endeudamientos como responsables del mal estado de los balances (y de las posiciones críticas de muchas sociedades). No es que el consumo esté bajo o que los costos suban, sino que en la mayor parte obtienen beneficios operativos. De estar bien plantadas en sus ratios, de no haber jugado al apalancamiento suicida o de haber comprado las empresas con capitales genuinos en buena porción y no solamente tomando créditos o emitiendo ON, no se estaría hablando de la delicada situación de muchos de los nombres. Pero al dólar lo que es del dólar. Y a la pérdida, el casillero debido.

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