23 de julio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Se avecinan jornadas sumamente delicadas en nuestro ya convulsionado país, que está por recibir visitas tan urticantes: como cuando el barrio necesitado, que vive con mucha gente «colgada» de la luz, ve ingresar el camioncito de la cuadrilla que les cortará el suministro... Hmmmm. Llega -previa pasada por un Brasil, que también vivirá horas de tensiones con el recibimiento- un muy alto funcionario y no ya del organismo controlado -el Fondo- sino del mismo riñón del amo del Norte. Este señor no es demasiado diplomático, siempre deja deslizar sus pensamientos agregando cargas dialécticas hirientes. Muy poco elegantes -como para que a los yanquis los aprecien más- y muchas veces exageradas, de modo inútil. Pero, parece que se agregan visitantes para agosto, como la segunda del Fondo Monetario: otra persona muy poco entradora. Ya estamos viniendo mal con esta sección de julio, donde además de los delitos contra la ciudadanía común, se le han sumado agresiones con tintes políticos y con enfrentamientos acentuados, sin que para nada ello se parezca a lo democrático. La lucha de bandos por el poder, en lo que se supone en la vidriera política institucional, no deja demasiada esperanza para pensar en cómo se moverán los que ya vienen de extracciones anárquicas, o con espíritus de revueltas y copamientos de los poderes. Todo esto, condimentado con una «salsa» Lavagna, que debe tratar de digerir que lo hayan «puenteado» (con el titular del Central siendo ahora la cara representativa de acuerdos para el gobierno, en los Estados Unidos) o bajarse...

Algunas tibias señales, inmediatamente reflejadas también en la Bolsa, con los mejoramientos, llevan implícita la idea de notar un suave despegarse del lecho depresivo y marcar tendencia, reversión del ciclo, prueba de que se ha tocado el fondo del pozo y que ya no hay hacia abajo. Pero, esas tibias señales se mezclan y hasta son disipadas por hechos concretos, y de ahora, tan serios como para pensar sobre en qué nos habremos convertido en la última parte del año. En la actividad, mediante el uso y costumbre del «decretazo» a mano limpia: se toman las medidas necesarias para que no se puedan aplicar otra vez las normativas que llevaron a suspender de cotización a Acíndar. Léase, patrimonios netos negativos. De paso, caducidad de tener que capitalizar. En fin, la batería precisa para que las leyes naturales del «riesgo del negocio», queden sin efecto. Una cosmética que no arreglará casi nada, porque las que están pinchadas por demás y siguen cotizando: constituyen un riesgo mucho mayor que las suspendidas, en virtud de hacer uso de la delicada expresión «oferta pública» sobre la que no debe subsistir ningún tipo de velo, duda, situación sospechable. Arreglar el asunto con decretos a medida, resulta una solución bien Argentina, poco imitada, es cierto. Del mismo modo, decretaron el nuevo régimen de garantías de los depósitos: que garantiza a los bancos, reírse del que quede atrapado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar