14 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El modo de intercambiarse las culpas, entre las petroleras y el gobierno, para que lo único importante -el aumento de las naftas- quede en pie definitivamente, es otra prueba irrefutable de lo anárquico que está todo en nuestro país. Y con semejantes muestras, que nuestro mercado encuentre supuestos argumentos para ensayar subas, es como venido de otra dimensión. Es nuestra opinión, no la del mercado. Y quien tiene la razón, siempre, es el señor mercado; aquello que dicen los paneles de cotización como precio: son los precios. Sobre los que uno se puede permitir discernir, analizar, objetar, o valorar. Es muy seguro que en estos momentos, debe haber mucha gente que piense que los precios de las acciones en la Argentina son «muy baratos». Que no se corresponden con una serie de elementos que los creyentes en ello, habrán de mostrar. Pero, existirá en medio de las disquisiciones académicas y las inversiones catedráticas, una pléyade de participantes a quienes les importa un comino cuánto pueden costar los «fierros» de esas empresas, o cómo habrán de solucionar sus deudas a futuro. Solamente van las ocasiones donde la Bolsa, por un ambiente local o proveniente de afuera, entra en un «celo» alcista. Esto es, los pasajes donde la tendencia se predispone a aceptar que la estimulen al aumento. Y es el momento de buscar la diferencia, de apretar determinados botones para que las «tres guinditas» se alineen y dejen salir sus dineros: usted, por esta vez, ha ganado...

Volviendo al principio, apareció -por enésima vez en el año- la figura del jefe de Gabinete, diciendo que las petroleras la van de «pícaras» y que no propició, el gobierno y sus impuestos, la suba de naftas sino que se trató de los empresarios. Esto se llama, y tiene mucho tiempo de haber sido diseñado, como «el juego de la mosqueta» de donde le dejarán ver la bolita que mueve la mano prodigiosa, y donde en dos -de tres lugares tapados- no se encontrará la bolita. Así que sabemos que no fue el gobierno, no fueron las petroleras, queda un solo lugar oculto. O hubo alguien más, o una de aquellas miente. O las dos mienten, habiendo estado en total acuerdo previo para aumentar los combustibles. Duros de entendederas, nosotros y algunos otros ciudadanos, sabemos que nos han engañado nuevamente: con pavadas dichas al más alto nivel, con la menor de las vergüenzas. Lo concreto es que el aumento apareció, mientras un economista del Norte salió a ensayar que «la Argentina es una víctima de la crisis». Más bien, parecemos víctimas y victimarios, todo en un solo cuerpo, e incapaces de ponernos de acuerdo pasa sacar a flote este estado de cosas. Si se miente en cuestiones tan elementales, ¿qué puede esperarse de los grandes temas? Y si suponemos que se vive en un ambiente de falsedades, el encuentro de soluciones se seguirá dilatando.Aunque nos refinancien, o nos den plata, no mejoraremos mientras la base de la sociedad no mejore.

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