23 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

A «Warren Buffet, que posee ese tipo de apelativo-fantasía a que son tan afectos los yanquis, se lo denomina como «El oráculo de Omaha». No está mal que uno en la tarjeta pudiera colocarse un slogan por el estilo: al menos, para impresionar. Claro que el hombre tiene con qué respaldar la fanfarronada, porque está segundo en el listado de hombres «más ricos del mundo». Pero, es el primero si se considera de los que han hecho fortuna en el mercado, Bill Gates, que venía a la cabeza, está en categoría de empresario, así como cualquiera de los competidores árabes. Por allí está siempre mencionado, de paso, George Soros a quien bien se le podría denominar como «El buitre de los países», o de las monedas, si se lo prefiere menos duro. Cada cual está haciendo sus nuevas jugadas, después del desparramo de los mercados bursátiles y los altibajos de las economías del mundo. Soros, fiel a su instinto depredador, se tiró de cabeza a intentar demoler al mismísimo dólar: anunciando una sobrevaluación de tal moneda, contra el euro, y una corrección en torno de 30%. Si apostó a esto, por ahora no ha pasado de algunas fechas de leves variantes. Pero, si se considera que contra los que llamamos «Curros Brothers» nuestra postura siempre es la de «hacer la contraria» para acertar sus pasos, tendríamos que considerar que Soros está en comprador de dólares y no en vendedor. Porque ya habrá vendido antes de su pronóstico y lo lanza recién ahora, para recomprarse. Los efectos iniciales resultaron en la dirección deseada. Pero, lejos de que se imagine una brecha tan amplia como la mencionada.

Los otros que están en el candelero, tienen también cuestiones muy especiales. A Warren Buffet (un discípulo que superó al maestro, nada menos que
Graham) se lo quería tildar de retrógrado, cuando todos festejaban con el NASDAQ y las tecnológicas. Y se mantenía totalmente al margen de la moda: el viejo zorro compra «fierros», lo que tildaba de «vieja economía» y que ahora está volviendo con fuerza. Y aprovecha el momento, se está llevando de todos los rubros y a precios que se pusieron como de liquidación. El hombre sabe esperar -como cuando acumuló plata a mares, hace unos años- y tomar a los activos cuando «son ovejas, para devolverlos cuando son ciervos».

Lo que marca el rumbo del mundo hoy, es que equivocarse cuesta muchísimo y se paga en muy poco tiempo. Los mercados reaccionan al instante, llegan órdenes de todo el mundo y «matan» al que se ha puesto de rodillas. Dicen que un suizo, menos famoso que los otros mencionados, ha dejado por el camino miles de millones propios y de la gente que seguía sus fondos. El que hoy gana, mañana puede ser derribado con el cambio mortífero de las tendencias y de las modas. Nada se ve claro y menos cuando a partir de la primera economía del mundo, se falseaba la realidad y haciendo ases de cartón: de quienes parecían colosos empresariales.
Una coctelera...

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