30 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursatiles

Es la madrugada del miércoles. Mientras esperamos el ruido del viento contra las ramas o el tronar de una tormenta que nuestro pertinaz, equivocado, Servicio Meteorológico anuncia desde el sábado -y nunca llega-nos dedicamos a repasar: revistas viejas. Notas que en su momento debimos pasar por alto, o que se traspapelaron, al dejarlas de una semana para la otra. Y surge una que no es habitual de ver (antes de olvidarnos, anote en su margen que prometemos algunos cupones para trazar un paralelismo entre los que tiran pronósticos en los servicios meteorológicos y los gurúes del mercado...)

¿De quién se trata? Pues, de un señor Joaquín Navarro Valls, quien ostenta el cargo de ser jefe de Prensa de la Santa Sede. La entrevista está hecha para el diario «El País» -de hace unos añosy lo que es su revista dominical. La titulan como «la sombra del Papa» y ya desde ese rótulo tiene gancho. Son varias páginas. Este hombre de 62 años llevaba nada menos que 16 años en compañía del Papa y es un médico psiquiatra que, además, se metió en periodismo. Confiesa que por la mañana los teléfonos no dejan en paz y da una visión acerca del nivel de información que maneja el Papa. «Como es políglota, puede leer en muchos idiomas las reseñas de los principales periódicos del mundo. Pero, además, cuenta con diversidad de informes y el volumen de información de primera mano es enorme. Aparte de tener la ayuda de la oficina de información, o de las nunciaturas, si necesita saber más va directo al mundo. Una vez que debía encarar una encíclica social, el aspecto ético del problema lo tenía claro. Pero el aspecto técnico tenía algunos temas menos sencillos. Pues, invitó a comer a siete economistas -de otros tantos países-. El Papa preguntó, sacó sus conclusiones...» (recordamos un notable blooper, lamentable, del entonces presidente Menem, cuando enojado por un asunto que le criticaban al país, lanzó la frase: «El Papa está mal informado». Alguien que con un llamadito se comunica con la parroquia del pueblo más pequeño, del lugar más apartado del Vaticano. ¿Mal informado?...)

Y ya que estamos con políticos, podemos extraer una anécdota jugosa aquí relatada. Y es cuando el Papa se fastidia por alguna pregunta, irreverente. Visitando Vietnam y un campo de refugiados, en su discurso los defendía... Un periodista le dijo: «Santidad, con su discurso ha entrado usted en un terreno político». El Papa contestó, tajante: «Usted llama político a un problema que es humano y que es ético. El de esa gente desarraigada de su país. Es político en la medida en que los políticos tienen que arreglarlo...» Eso se llama ponerle la tapa a uno que se cree ingenioso con una lección sobre cómo se llega a dar la razón, por un camino mucho más sabio que el que se plantea primero. Lo humano, lo ético, los políticos, lo que deben resolver y arreglar políticamente... (el hacer política con toda la rica gama que ello implica, además de ser una «profesión» para dedicarse a hacer fortuna en un par de años).

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