Un Merval de «375» puntos, es un indicador que repica en torno de un nivel «100», en dólares, que por momentos se coloca encima de ello, y alguna vez estuvo abajo cómodamente. La síntesis nos diría que en este 2002, la cartera del mercado de Buenos Aires ha mostrado ese equilibrio en recoger de entrada el nuevo escenario del tipo de cambio y jugar a un Merval «100», con variantes que corresponden a una volatilidad bastante acotada, aceptable, si se la conceptúa de acuerdo a un contexto donde todo parecía explotar y con un sistema donde se declaraba el «default», se recambiaban mandatarios por semana, y todo lo que sabemos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Cerrado el octavo mes, hallamos esa primera característica, desde el punto de vista de las cotizaciones. La otra importante, en este elemento, es que se fue perfilando una selectividad que se remarca a medida que avanzamos en el año. A ello colaboraron, la mayoría de mala forma, la llegada de balances con todo tipo de accesorios y de faltantes. Primer trimestre, acusando el tipo de cambio, pero dejando afuera a la inflación. Segunda entrega, ya con el aspecto del «ajuste» incorporado y siendo una factura de magnitud la que se debe pagar: porque hay golpes de resultados, tremendos, sumas que no tienen nada que ver con lo que son las estructuras actuales, o los niveles de facturación.
De todo este guiso de variables, no se pudo obtener mucho para el análisis. Habrá que dejar decantar, pero lo cierto es que todo lo que se modifica parece hacerse para el presente, la coyuntura, tal como corresponde a una plaza que incorporó otra variable esencial: en contra. La distribución del dinero quedó perfilada en agosto de la forma más adversa, que se podía sospechar donde muchos pasajes de meses anteriores y donde los CEDEAR consumían órdenes como nunca. Lo que tenía que pasar, pasó. Los títulos locales, acompañados por el desinflarse de su papel insignia -Pérez Companc- y la frustración que generó en el ambiente su venta a los brasileños, están en términos como de la última rueda: hubo unos $ 36 millones de efectivo. Más de $ 28 millones fueron a la senda de los certificados foráneos. El restito, unos $ 8 millones apenas, se capturaron en las acciones ordinarias. Con semejante respaldo, nada de lo que se produzca en precios puede alcanzar solidez y credibilidad por mucho tiempo. La que hoy trepa un seis por ciento, a los dos días se «queda sin nafta» y la vemos caer un ocho, sin miramientos. Y esto sucede en todos los títulos, donde no están exentas las de raíz española: que bien bailan, en cuanto a los saltos notorios. En realidad, el mundo está corrigiendo y filtrando, saneando, o como decía Ortega y Gasset acerca de la cultura: «Hay momentos donde conviene sacudir el árbol, para que caigan los frutos muy maduros...». Ese sacudir está de cuerpo presente: se lo sufre desde Wall Street a Buenos Aires, pobres ricos. Nadie queda indemne.
Dejá tu comentario