6 de septiembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El sentido de la justicia, antes que el de la economía, imperante en nuestro medio, termina siempre de la misma forma: con el gobierno de turno manoteando sin miramientos en cuanto quiere cubrir lo suyo. Y volteando olímpicamente a los que resultan los verdaderos «dueños» del país, los ciudadanos. Que ahora, después de verse empapelados por bonos basura en todo el ámbito nacional se enteran del último gran proyecto del «Ministerio de la Escasez» (un buen nombre para reemplazar al actual, en total default). Lo que nos trae de novedad es que no se podrían pagar, en adelante, impuestos con bonos. Solamente con plata de verdad. Y, de ese modo, el Ministerio de la Escasez piensa que podrá girarlo a las provincias para cubrirles la coparticipación. Ahora bien, esa carrada de plata que ya no es mala, ni pésima, sino lamentable, que pierde lo que podía resultar su única utilidad real, que los mismos emisores la aceptaran para cobrarse los impuestos, si pierde por propia voluntad esa condición, ¿quién querrá tenerla? ¿Habrán pensado qué sucederá si en los comercios, en todos los lugares de transacción, se comienza a rechazar esos bonos por inservibles totales?

Con una nueva chantada tratan de tapar la anterior, y así seguimos: dentro de una ficción tan grave, que visto en estos niveles el dólar parece tan tentador como en el uno a uno del otro año. No sube, no lo compran, las vueltas de tuerca sobre los bolsillos son tan prepotentes, que le van queriendo quitar toda posibilidad de demanda. Ahora, si se requiere que los ciudadanos junten el di-nero, quedándose con los bonosbasura en las manos, se activará otra boca de succión para que no vaya al dólar. Hasta que un día, va todo junto, por más que haya quienes se regocijen con la «paz de los cementerios» que marca la inflación, en franca contracción. No hay aumentos, porque casi nadie puede ya comprar nada. O si puede, no quiere. Y así, el dólar quieto, más una inflación aplanada, nos sitúan en ese ambiente donde las señales de vida cada vez se registran más débiles en los contadores económicos.

El Fondo cuenta que cada vez nos vamos más lejos de todo, la Bolsa lo quiere marcar en su anémico estado accionario que intenta cumplir con lo suyo, y es para el espanto que en ruedas como el martes, donde el mundo se derrumbaba plegándose a Wall Street, nosotros estábamos flotando, anárquicos, soltados de la mano de los mercados principales. Porque eso más lo del lunes cuando debimos actuar puertas aden-tro y solamente hicimos $ 2 millones en papeles privados (¡menos de quinientos mil dólares!) armaron un escenario de verdadera Bolsa virtual. Una estela, el fantasma de un miembro que ha sido amputado y que -este columnista puede dar fe de ello-en ciertos momentos «parece estar» en el lugar que estaba. Parece doler, parece actuar. Hasta que el asombrado ser advierte que es solamente eso: el espíritu que ha quedado, pero no hay sustancia. Una Bolsa que estaría adelantando algo muy feo:
que ya fuimos...

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