11 de septiembre 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Se está aguardando con sumo interés, tanto en el ambiente bursátil como en el empresario ligado, el broche definitivo a la autorización para seguir cotizando: a pesar del patrimonio neto negativo. Hay argumentos que se esgrimen, como el que menciona que las empresas más apetecibles, las más importantes para el exterior, son las que quedaron endeudadas en dólares y con regios collares que la están asfixiando. En cambio, aquellas que no tenían ningún prestigio, o carecían de ratios de interés, no accedían al crédito por voluntad de quienes se negaban a prestarlas. Y, de ese modo, se formalizó una extraña figura actual: donde empresas clave están en malas condiciones, mientras que algunas que estaban como marginadas gozan de buena salud. Las que debían aquí se pesificaron, salieron muy bien del atolladero y si pueden colocar algo afuera, en dólares, están en el mejor de los escenarios.

Para la sorpresa sobre las consideradas buenas, obviamente que colocan a Pérez Companc, súbitamente caída en un estado complicado y a punto de ser vendida...

Coincidimos solamente a medias, porque entre la una y la otra, la buena apetecible y la mala sin crédito externo, aparecen sociedades que hubieran podido apalancarse perfectamente en cualquier tipo de instrumento y, a pesar de ello, eludieron la tentación y están gozando de buena salud: porque tienen una dirección acertada. Y la tuvieron antes, y la seguirán teniendo, para ver pasar políticas, presidentes, ministros, libritos, teorías, y seguir permaneciendo sólidas. Con la simple fórmula de no creerle mucho a nadie, en cuanto se genera ese oasis de agua bendita, al que solemos ser afectos los argentinos. Como si ahora, una mañana, uno abre el diario y se encuentra que el ansiado ser «iluminado» ha llegado: dictó unas medidas, se solucionaron los problemas, y ya hay que estar digitando el lugar de las próximas vacaciones... Es el permanente «sueño dorado» de la mayoría de los argentinos. Quieren que alguien, uno, cinco, algunos que gobiernen lancen las fórmulas mágicas para -sin esfuerzo especial-salir de los problemas, por la brecha que los magníficos seleccionados nos han abierto en la crisis. Al tiempo, nos damos cuenta -por enésima vez-que tales soluciones milagrosas solamente están en la complicidad del que sueña y del que le dice las cosas, que el sueño del electorado requiere. Para ser elegido. Y, después, empezar con la historia real. Que nunca encuentra soluciones, mucho menos, milagrosas...

Así que las sociedades con patrimonio neto negativo, que vulneran viejas normas de seguridad en la oferta pública, cuentan con una carta a favor: poder decir que se han visto complicadas por condiciones muy especiales (como son, más de cuatro años de crisis y una súbita devaluación), y también se deben contemplar de modo especial las reglas a tener que respetarse. Al menos, hasta poder hacer pie en la tormenta y después considerar si la situación merece ser sostenida, o revocada.
Una buena carta.

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