13 de septiembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Otra avanzada de poca seriedad. El Banco Central arremetiendo con disposiciones, que podrían pensarse como largamente razonadas por las cuestiones que puede afectar, pero no: en cuanto las autoridades de organismos afines al área involucrada, todo lo bursátil, fueron en queja sobre las normas dictadas, debieron anular las resoluciones. Quedando en pie lo que venía a resultar una suerte de corazón del asunto, operatorias en el exterior, pero liberando un nuevo corral inventado para ahogar al verdadero motivo de los temores, el dólar.

No se pueden dar señales como ésas, que se adoptan medidas sin contemplar los aspectos más elementales (como que el trabajo con títulos cotizantes públicamente, en la moneda legal -el peso- quedaría ridículamente suprimida. Peor, todavía, ilegalmente prohibida). Y hay quienes quieren sugerir que estamos avanzando, que vamos por un camino hacia las alturas... Y tantas estupideces. Cuando, lo que se puede ver día tras día, es una nueva ronda de hechos de toda índole que resta, resta, y sigue restando a poder trabajar y moverse, en un país medianamente normal. Es la aspiración de la gran mayoría, tener nuevamente una Nación que se parezca, en casi todo, a la mayoría en el mundo. A cambio de esto, marchas y contramarchas, usos y abusos de una posición temporal en el poder...

Gobierno que se dice de paso, de transición, pero que intenta tomar resoluciones profundas. Como aquellas que comprometen seriamente las cuentas futuras en el país, tirando livianamente bonos, más bonos, todo buscando ser repactado: para después de las elecciones.


¿Cómo puede salir del atolladero, un nuevo mandatario que ya tiene hipotecados «a full», sus cuatro años de gestión? Pero, no se habla de esto, con lo delicado que parece resultar el tema. Y es, justamente, uno de los graves problemas que nos han hundido donde estamos: el de ir pasando la posta maléfica, de gobierno a gobierno, de ministro a ministro, de endeudamientos, refinanciaciones oprobiosas, intereses impagables, «megacanjes», y toda la batería de instrumentos que nos acribillaron a nosotros, y más allá, por lo menos, a dos generaciones completas...


También, se continúa con la lectura pueril del dólar que «estaría más abajo, de no ser por el Central». Ergo, piensa el ciudadano con todo sentido: ¿por qué, entonces, cada vez le colocan más impedimentos a la compraventa de dólares? Ya que si no estuviera el Central, se iría más abajo, dejarlo liberado y las fuerzas del mercado lo ubiquen más abajo, lo que resultaría el verdadero campanazo del año. La mejor demostración de fortaleza, para propios y extraños. Dejar flotar libremente el dólar y que se devalúe, frente al peso argentino. Porque los que sostienen la teoría no explican cómo es que aquel mismo que le protege la salud, es el que lo quiere aniquilar para que no perturbe más las cosas. Los absurdos de una época argentina, de absurdos en todas las áreas.

Dejá tu comentario

Te puede interesar