La apuesta del año: jugar a la tasa, mientras «el lobo» no está. Y al momento de renovar el plazo fijo, hacer la clásica pregunta de la Caperucita... Un buen modo de activar la circulación sanguínea, sin que para ello se deban utilizar otros aditivos. Las explicaciones al por menor, las brindó este diario en su edición del lunes, por las diferencias que hay que dejar por el camino y en función de las puntas compradoras y vendedoras del mercado del billete. Es el modo argentino de rehabilitar las cosas, retornar a viejas prácticas de lo que Lee Iaccoca denominaba como «hacer dinero sobre dinero...». Y esto, obviamente, no puede ser milagroso para que se produzcan crecimientos, ni producciones, ni nada que se le parezca. Es solamente el juego de aprovechar al máximo las alternativas, que ofrece el terreno del dinero, cuando se fueron cercenando otras opciones y como conduciendo a la colocación financiera.
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Mientras los avatares de la arena política ven acercarse las fechas clave y -también según encuestas de este diario- «los indecisos» se sitúan en torno de 40%, los máximos candidatos virtuales, no sobrepasan 20% de intención de voto. Tiene, hasta ahora, mucho tufillo a elección de Illia -con el peronismo proscripto- y cuando se ganó con apenas una cuarta parte del electorado apto. Gobiernos que arrancan teniendo que ganarse a los que no le concedieron ningún crédito, ni confianza, ni siquiera el voto-lance del: «Puede ser. Me tiro el lance, por si éste la pega...». ¿Hacia dónde vamos? Ni siquiera sabemos bien, de dónde venimos
¿De qué raro engendro de gobiernos y de planes económicos, y de megacanjes, y de todo lo que hubo en derredor, para que se produjera la fantástica operación de magia, por medio de la cual: el dinero no estaba más?
Decían que era porque estaba todo prestado. ¿A quiénes?
Si las grandes endeudadas tienen compromisos de ON, tomadas afuera, o líneas de fuera del país. Es hora de que se alcen voces, para que no sólo se presionen para la devolución de los depósitos: sino para que todos hallemos una explicación pública, sobre cómo un sistema convertible tan simple en sus basamentos, se evaporó de modo tan grosero. Toda la impresión es que se quiere volver a construir algo, utilizando las paredes rajadas de antes. Cimientos movedizos, napas putrefactas que harán inestable cualquier movimiento de querer ponerle carga, a vigas oxidadas y estructura insalvable. En tanto, se llega a la conclusión que no está mal los que arriesgan el pellejo colocando en tasas y preguntando por el lobo... ¿Alguien se puede animar a realizar otra cosa, a instalar proyectos para producir?
¿Y comprar acciones empresarias? ¿Están realmente baratas, o pueden estarlo más?
Esto no lo dirá el grupo de control sino las chances del país. Y todo termina en lo mismo... en ponerle unas fichas a la tasa, con el sistema del «Ave María»: ¿sabe cómo es? Usted elige una entidad. Cambia dólares. Los ubica a 30 días y... reza mucho.
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