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La Bolsa respondió al día siguiente de la novedad como un mercado que fue tomado por sorpresa también, que venía con muy buenos rendimientos para poder atrapar la ganancia y estudiar los alcances de lo decretado, y como lo que es: un circuito de «riesgo puro», sin ningún tipo de red para atajar sus fluctuaciones, y que primero piensa con las piernas, después aplica la cabeza. Todo muy típico, muy ortodoxo, pero al caer casi 7% en una rueda, ganó la primera plana en los medios escritos, subió arriba del podio de los noticiarios y debió soportar lo que es un clásico: que le bajaron líneas desde los periodistas políticos hasta los de deportes o de espectáculos. Una sarta de gansadas hubo que estar oyendo, a partir del clásico sello de «La Bolsa es una timba...», el viejo paraguas con el que se suelen cubrir los recorridos que no gustan a los oficialistas, aunque se llenen la boca mencionando «la alta muestra de confianza...» en el gobierno, si es que se produce una suba de igual proporción. Informate más
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