7 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Finalmente, un diario norteamericano nos da la clave para que los argentinos nos quedemos tranquilos: los culpables del desastre nacional, resultaron los muchachos de Wall Street. Agrega un nuevo blanco fijo, para que los políticos puedan escudarse y llevar los enojos de la gente hacia zonas bien alejadas del Congreso. Y Nueva York está lo bastante lejos, para que venga como anillo al dedo, desgastada ya bastante la culpa del FMI, o de la «década del '90». Al parecer, estos «boys» de Wall Street anduvieron por aquí otorgando super-poderes, declarando el default, cambiando presidentes cada semana, ensuciando la convertibilidad y los encajes con bonos de deuda pública. Pero, en tal caso, también podemos inferir que han sido los responsables de la severa «crisis asiática», porque no se cansaban de ponderar la sapiente economía de los «tigres» de Asia. Y del default de los rusos, o de la posterior crisis brasileña. Mientras estuvo vigente, no vimos demasiadas voces airadas contra la convertibilidad, al contrario: era inmediatamente vituperado, desde todos los ángulos, el que osara siquiera dudar de las bases de la misma y su perdurabilidad. Nos olvidamos, claro, del bello «megacanje» que también vinieron los de Wall Street a coaccionar legisladores y funcionarios, para que se aprobara oportunamente.

La nota del «Washington Post», a quien se suele mirar con unción, resulta una estupidez propia de algún medio con mucho menor prestigio. Porque si todo el problema económico del mundo se resuelve linchando calificadoras, o empalando a vendedores de bonos soberanos, es una fórmula tan sencilla que habría que emplearla de inmediato. Es siempre quitarles responsabilidades a los codiciosos que toman papeles de segunda, o tercera, por la simple tentación de una renta alta. Y, de paso, a los gobernantes que no hacen honor a sus compromisos, o que se quieren desenganchar del pasado, como si no resultare problema a resolver por los del presente. Creímos que la defensa del deudor, lisa y llana, era un mal que se estaba solamente enquistando en nuestro medio: amigo de sacar de los atolladeros a todos, metiendo mano en los convenios, rompiendo cualquier tipo de sujeción a derecho, haciéndole la vida fácil a todo deudor bajo la consigna de:
la quiebra no existe. Pero, vemos que surgen aliados y aquellos que han sido intermediarios vendedores, son los responsables coautores del gran desastre. En cuanto vengan algunas empresas con serias pérdidas, o algunos papeles derrapen demasiado, ya sabemos a quién echarle la culpa: al comisionista. Y pensar que en esta columna se acuñó el nombre de «Curro's Brothers», para ejemplificar a calificadoras, researchs, y toca esa industria de la recomendación, que llovía en la Bolsa en los años buenos. Sin embargo, siempre pensamos que el único responsable de un mal negocio es el que lo arma y ejecuta, sin aplicar el raciocinio y medir los pasos. Si se siguen buscando más culpables: no aprenderemos nunca más.

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