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Pero, siempre también se demuestra que los acreedores quieren llegar a un acuerdo, están dispuestos a entender situaciones, procuran hallar la línea de corte: donde los dos ceden, pero nadie aparece en el papel de bribón y, el otro, de tonto. Y así, se van encadenando informaciones acerca de haber cerrado convenios con sus acreedores, como para poder reacomodarse y dedicarse a lo que ambos desean: que la empresa produzca, venda, eleve la utilidad, sea capaz de responder a lo comprometido. Es, siempre, la posición de negociación la que puede hacer llegar a algún puerto y propender a que el acreedor, otorgue las quitas y facilidades lógicas, tras atravesar una zona de turbulencias reales en el escenario del deudor. Si las empresas quisieran aplicar el mismo principio que le indican sus gobernantes, siguiendo el ejemplo tal como lo ofrecieron, ahora se estaría hablando de juicios en cadena, con toda la directiva dedicada a desatar la madeja, o buscar artilugios: en vez de trabajar en lo que debe y hacer lo suyo. Producir y ganar.
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