Un día, como ahora, podemos ver que el dejar que los «precios relativos» se desordene (con un pase enorme de demanda hacia el gas, muy lejos de otros combustibles) posteriormente se paga, seriamente. Y otro día, podremos tener que sufrir alzas de todo aquello que la soja está desplazando en el agro. Si es la carne, detrás vendrán los bienes sustitutos: para mantener, naturalmente, esa distancia relativa. Todavía está soleado, el verano tarda en retirarse, pero se sabe que vienen el otoño y el temido invierno. Ya se piensa menos en disfrutar solamente del hoy. Y la verdad de un mundo seriamente convulsionado le pone el último toque amargo a la torta. •