10 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Esa mezcla de felicitaciones por un lado, críticas directas -o veladas-por el otro, que vienen de funcionarios del exterior, de analistas o empresariado local, dejan paso a una conclusión de estado gaseoso: ¿dónde está, con precisión, el país y las políticas que se implementan? Nadie parece poseer una medida justa, esas opiniones están volcadas hacia uno u otro lado. Lo peor, es que existen de las que poseen la película de dos finales: una respuesta masiva, para cuando se exponen en los medios, y una segunda respuesta de pasillos o escritorios, donde el mismo interlocutor es capaz de lanzar dos opiniones encontradas.

A la Bolsa parece que le pasa bastante de lo mismo, con ese jueguito aburrido del querer y no querer, de reiterar el problema del noble caballero, con una espada clavada: «Si me la quitan, me muero. Si me la dejan, me matan...». En el escenario político, simplemente siguiendo las muy buenas notas de Ambito Financiero -que no oculta realidades que suceden-se puede hallar una visión similar entre amigos, mercenarios políticos (de los que hay muchos, baste con revisar filiaciones de estos años), enemigos solapados, enemigos que ya descubren su posición y un conjunto gubernamental que parece seguir cavando, con entusiasmo, trincheras en derredor: para quedarse solos en el medio. Pero las trincheras de la guerra muchas veces cumplían la doble función de brindar refugio y defensa a los soldados vivos, pero utilizándose de sepulturas comunes para los muertos. Aquello de «no es bueno que el hombre esté solo» parece refrescarse en una agrupación de «isleros» que parecen dispuestos a enemistarse con todos los frentes: aun con los supuestos «amigos».



Y la Bolsa parece reflejar todo esto. Con un mercado que todavía nos engaña con el oropel de moverse en cifras de unos $ 30 millones y algo más. Pero que, pasado a lo que sirve para una estadística cotejable entre épocas, solamente mueve actualmente unos 10 millones de dólares. No está tan lejos de aquellos dos, tres millones de dólares, de cuando se actuaba a pura «tiza». Hubo una masa de desertores a la que nunca más se recuperó, en lo que va de febrero hacia aquí. Decir lo contrario es autoengañarnos, la corriente bursátil resultó mucho más densa hacia la salida, diezmada en la entrada. Y no se produjo, como otras veces, el engrosar de filas de entrada con los mismos que habían salido antes. Mayo se estuvo manifestando en sus primeras ruedas, con una abulia que atormenta. Y con cúmulo de órdenes que -lo decíamos en comentario diario-alcanzaría para cubrir las viejas primeras jornadas de la historia: cuando la plaza actuaba solamente una hora, después dos. Para el horario actual, el volumen no alcanza para armar plazas valiosas. Y no hay tentaciones, por más que el Merval se resignó a perder 100 puntos largos, en estos tiempos. El dilema: que nadie sabe en qué punto se halla todo en nuestro medio.


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