19 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Hubo balances de todos los colores, en la reciente tanda arribada, y que comprende a 95% de las listadas en los paneles bursátiles. Sorpresas en ambos sentidos, mejorías en la capacidad de ganar, decaimientos en ese aspecto crucial para el que posee acciones de la minoría y que no debe perder de vista sus objetivos primarios. Le importa que una empresa de la que posee papeles, gane y reparta.

A partir de tales premisas, se incorporan las demás, hasta conseguir el perfil más cercano al ideal. Una vez determinado tal perfil, conviene tomar a esa supuesta acción de papel testigo y tirar líneas en función del mismo, para poder armar un esquema de cotizaciones relativas, otorgando con la mayor objetividad posible -o la menor subjetividad- los puntos que calza cada una en un hipotético ranking. Hace unos cuantos años, un muchacho recién llegado a las lides bursátiles -todavía en tiempos del viejo recinto- creyó haber encontrado la gran llave del éxito infalible, realizando tal tipo de relaciones. Todos los días aparecía por el recinto y mostraba en varias hojas ese extenso ranking, donde otorgaba calificaciones a cada papel de los cotizantes. La pequeña referencia debería terminar diciendo que esta muchacho hizo una pequeña fortuna, que un buen día se retiró a contar los billetes y que quedó como un gran vencedor del mercado. No, la verdad de esto es que terminó arruinado, debiendo dinero y desapareciendo: pero, porque había sembrado un reguero de perjudicados entre agentes de Bolsa que trataban de cobrarle ciertos préstamos (tiempos de «cuevas» y de otras yerbas de trastienda, dicho sea de paso).

¿Cómo es que llegó al fracaso con lo mismo que parecemos estar aconsejando como apropiado? Precisamente, por la falta de objetividad por una parte. Y por haber ponderado los casilleros de modo erróneo. Nos acordamos, por caso, de un fallido papel llamado Astarsa -astilleros- y de otro denominado Scholnik -papelera- con los que se había fanatizado. Ninguno de los que compartíamos las horas posteriores a las ruedas, en el viejo recinto, entendía bien cómo era que esos títulos encabezaban sus preferencias y no había modo de hacerle corregir ciertas arbitrariedades, que cometió en la calificación. Pero insistía comprando más de esos títulos, donde estaba el riesgo implícito de la escasa liquidez si es que el ciclo bueno se revertía, y el principal tema que lo liquidó fue el inicio de una caída bursátil, la persistencia en no reconocerlo y el ingreso a las «cauciones». Para comprar más de lo que creía barato en grado vil, según lo que le decían sus estimaciones.


Y así, nada camina bien. Por más programa que se arme para actuar con principios fundamentales, en la selección de cartera. Otro error frecuente: no pensar que una acción puede ser muy buena, pero también con muy buen nivel de valuación: donde ya no da para más. Es un tema interminable, apasionante, para volver a él.

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