1 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Aun los que sostienen que el mercado está «muy barato» no están apareciendo con la vocación compradora que se traduce en órdenes y en armado de posiciones. Que es mejor deslizar una opinión, a ver si otros hacen la punta, antes de ir a la primera línea y donde se puede ser barrido por una oferta que saque las uñas. Esa fundamental actitud de acumulación de papeles, la que detiene la caída y forma pisos consistentes, realmente no la hemos podido apreciar en el desprolijo recorrido de un mayo que actuó de acuerdo con cómo soplaron los vientos circunstanciales, en superficie, con el fondo del mercado sumamente blando y dispuesto a corregir y a perforar supuestos límites máximos. Hemos estado oyendo por allí que el piso símbolo es el de los 900 puntos: una falacia, la de ir corriendo hacia abajo los límites, sabiendo que la realidad que sorprendió de modo mayúsculo fue haber visto quebrarse los 1.000 puntos sin siquiera lucharlos. Nos quedamos con esa base, la de una plaza que vuelva a disputar en los 1.000 y que los vuelva a consolidar, como sucedió al tocarlos en noviembre de 2003. Esto puede no asegurar la suerte del mercado, pero confiere más credibilidad que desplazar los pisos adonde a uno le conviene y dejar traslucir que «ésa era la base defensiva real». Otra cosa es saber que ya el agua subía cada vez más y que poder sostener los 900 resultaba la barricada última, donde los operadores alcanzaron a juntarse y refugiarse, porque si se perforaba esa línea de modo sencillo, lo siguiente parecía el abismo. Lo que se ha visto, también, es que no hay precio tentador que promueva un cambio de ritmo de los negocios. La abulia de demanda tanto reúne las mismas cantidades en una centena del Merval, que en otra. Y es la oferta la que posee estrategia más precisa, apretando o aflojando, para colocar sus cantidades. El mercado de mayo fue netamente de «papel», antes que de «dinero»; esto define el fondo de la tendencia. Lo de superficie, gobernable en la medida en que los vendedores quisieran acosar o retirarse.



Cierto es que varios balances resultaron menos seductores de lo que podían imaginarse, tanto en las cifras mostradas hasta marzo como en las perspectivas que trazan para lo inmediato. Todo lo relacionado con importaciones brasileñas, en gran estado de alerta. Todo lo vinculado a servicios, siguiendo en medio de una novela de indefinición y nuevas prórrogas para solucionar los temas. A todas los costos se les han ido calentando, cerrando márgenes, mientras rezan porque la exportación no se detenga demasiado ante el parate de los chinos.Y el campo, siempre con buenos momentos, pero pensando en ganar menos si se continúa aflojando el nivel de la soja. Fue todo una canasta de problemática y cierta iliquidez de capital de riesgo, donde las acciones dejaron de gozar de las recomendaciones entusiastas que heredaban de 2003. Se presenta ahora junio, en un escenario que si no aporta más volumen de demanda, pinta para lo inestable.


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