3 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Estamos ya en el ojo de la tormenta, pero el final de mayo no dejó ninguna apariencia de tomar partido decidido por aquello que vaya a suceder. El lunes, con el circuito del Norte fuera de actuación, el Merval tuvo un comportamiento de previsible bajo volumen y desmejoró el saldo del mes con algunas caídas de 3% y 4% en papeles de primera línea. Si hubiera que juzgar desde el punto de vista del «adelanto» ese olfato bursátil para anticipar novedades, la última fecha diría que la Bolsa no reconoció señales de un vuelco optimista. Pero, ya entrados en junio, vendrán primeras jugadas fuertes -a partir de esa unilateral propuesta argentina, sobre la deuda-y esto deberá liberar energías sobre el mercado de riesgo. El desempeño de mayo, al que vemos en detalle sobre el «balance del mercado» del pasado mes, contuvo lo preocupante de esa pérdida notable de volúmenes. Probablemente, haya sido interesante el arrugue de cifras para poder generar el intento de reacción en el índice. Pero el problema es que los bajos negocios solamente pueden dar para defender una posición y evitar que se deteriore más, difícilmente aporte crecimiento, a partir de la ley de oro de los mercados. La tendencia cuando sube, se expande. Y si no se expande, la suba queda tomada del delgado hilo de una mancomunión de oferta, que no salga a tomar las diferencias.



Si fue útil la contracción para momentos tan peligrosos no está en discusión. La prueba es que una plaza que se iba directo a la rejilla, hasta tocar 639 puntos de mínima y rebasando cualquier pronóstico bajista, terminó el mes en los 952 puntos. Ergo, resultó útil esa resta de órdenes, porque, al no existir demanda potente, los vendedores decidieron apaciguarse y no romper límites que llevaban a un desastre. El asunto es qué se precisa para retornar a una senda positiva que convenza y no sea solamente una tregua para volver a más de lo mismo. Y diríamos que falta el cambio de las
expectativas racionales, ver que el contexto país se encamina por la senda que debe, que los entuertos se van arreglando con sensatez, que los empresarios, los inversores, los banqueros, los hacedores de la economía -más allá del agrocrean en una tendencia de cambio de fondo en la Nación.

El primer gran paso puede ser el arreglo de la deuda, lo que habilitaría contar con crédito externo y local. Pero más valioso que el propio capital es que exista el convencimiento de una tapa más venturosa. Y es por eso que en junio se concentran expectativas, lógicas, para ver si es posible que el capital del riesgo puro -que, para nuestro medio, es como vivir en un polvorín-tiene el incentivo que lo haga volver al circuito de la Bolsa. No se puede negar que el grueso no está, las estadísticas son terminantes. Pero, muchas veces, una señal clave lo hace volver todo junto, y hasta no puede descartarse un «boom» de la nada actual. Si hay razón.

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