7 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos sorprendió la opinión sobre la propuesta argentina, venida de algunos nombres locales a los que teníamos como observadores celosos de la realidad. Obvio, cada quien tiene el derecho a opinar como le parezca, por tal motivo decimos que nos quedamos sorprendidos, no que la criticamos. Esperamos de inmediato ver qué decía el termómetro de nuestra especialidad, la bolsa, el día después de lo ofrecido por Lavagna. Y el mercado no nos sorprendió con una respuesta que fue de lánguida a preocupada, sin tener nada que ver con la rueda previa -la misma tarde-a la conferencia de prensa.

Coincidimos mucho más con tal tipo de opinión, donde está el dinero por detrás, que donde solamente se opina con palabras. Y pensábamos, repasando lo propuesto por nuestros negociadores unilaterales, si uno estaría dispuesto a aceptarle un cheque a cierto lapso -digamos, en lo doméstico, a un año-a alguien que ha repugnado una deuda que tenía contraída con nosotros. Y que no nos ofrece ninguna garantía real, para la seguridad de poderle cobrar ese cheque tan diferido. Nos decimos, sin dudarlo, que no lo aceptaríamos. Y lo miraríamos fijamente a nuestro deudor, por las dudas de que nos dijera que nos estaba haciendo una broma. La propuesta hablando de treinta, cuarenta y dos años de plazos, solicitando buena parte del período como «gracia»: nos suena a un ofrecimiento surrealista. Partiendo, además, de lo que sería un castigo récord en la quita.

¿Quién podría dudar, vistos los antecedentes, que si el país vuelve a entrar en problemas por temas locales o externos, se volverá a repugnar la deuda? Más, cuando se habla de semejantes plazos y se trabaja con hipótesis de crecimientos acumulados, que son casi una utopía en un mundo que presenta problemáticas crecientes. Que alguien tome ese tipo de oferta, o que otros acepten quedar en cartera con bonos argentinos en tales condiciones, solamente podría pasar por asientos contables de cuando los bancos prefieren dejar créditos «vivos», hasta dándole dinero al deudor para pagar intereses, antes que tener que darlos de baja, por malos, en sus carteras. De ese tipo de hilvanes se han ido sosteniendo situaciones bancarias que ostentan carteras nominales, pero que si se debieran depurar significarían la liquidación de la entidad. Unicamente así, se podría entender que se le tomen esos papeles a un deudor que ha dado todas las muestras de ser un mal pagador y proclive a variar cualquier condición pactada, en cuanto las situaciones lo aprietan. Pero, como no hemos visto opiniones que vayan en dirección tan cruda, quizás en el mundo de las altas finanzas se vea la cuestión de otro modo. Por el momento, el mercado se volvió a meter en el pozo de incertidumbres, actitud que cabía después de haber visto lo propuesto.


Tampoco esto es definitivo, con poca cosa se puede generar una corriente «optimista», que vaya en apoyo de los funcionarios.


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