Pensamos, y lo expresamos ahora, que del modo en que la práctica ha debido flexibilizar los marcas -para dar cabida a los desvíos provocados por la economía local-y admitir presentaciones que en otros tiempos hubieran merecido objeciones, y hasta suspensiones de cotización, puede ser momento de flexibilizar también las presentaciones formales.
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Ultimamente han habido nuevas muestras en el mundo, tan resonantes como Enron y Parmalat, que reviven aquella antológica quiebra de Rolls Royce y cuando sus propios directores se enteraron apenas una semana antes. Es muy difícil, casi imposible, poder advertir con bastante antelación cuándo se viene una quiebra. El maquillaje que se va apoderando de los números de los balances, generalmente terminan por hacer ver una explosión en un día: con los organismos de control hasta aprobando estados contables recientes, o viniendo de una suscripción autorizada -el famoso caso Sasetru-y cuando se ha visto que, en el mundo, famosas consultoras y casas de inversión estaban aconsejando papeles que se hacían pedazos desde lo empresario. Hoy, es una trivialidad presentar patrimonios netos negativos, o arrastrar números adversos de altísimo riesgo y que todo siga normal. Pues bien: ¿a qué, entonces, obligar a voluminosas presentaciones contables? Eso es como el que tiene un perro de gesto fiero y creen que, por eso, está a salvo de que lo asalten. Es hacerse una película, que no condice con la realidad que se vive. Y pensar que el cargar a las sociedades de tantas exigencias, podrá poner a salvo a los inversores: es como tener ese perro, costoso en su mantenimiento, fastidioso para las empresas, y bastante inocuo para el que observa números de un pasado de casi dos meses y no está cerca de la cocina del negocio. • La grotesca alternativa de las «reseñas informativas», fueron la otra punta del péndulo: no sirven para nada, se pasan por alto detalles fundamentales.Y sólo sirve para algunas. ¿Dónde vamos? Pues, a que se queda reunir un grupo de notables contables, bajo el auspicio de la CNV y la Bolsa de Comercio: y que limpien los balances, dejando lo realmente imprescindible, alivianando la otra carga. Números y notas directas, claras, para todo público, con lo esencial para poder evaluar una acción: no más. Contra esto -que sería muy bien recibido por las empresas y alentaría a otras a venir a la oferta pública-exigir las presentaciones de los estados contables en un plazo mucho menor al actual: que beber agua vieja sirve de muy poco, por más adornos que le agreguen. Es una idea, a la que deben tratar de rellenar los que saben de esto a fondo. Al menos, para ser tratada y ahondar en la misma. La propia Cámara de Inversores podría estudiar el tema.
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