17 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

La «inflación de costos» ya se está blanqueando, hoy son más los que comienzan a referirse a ello: que esta columna mencionara periódicamente, a raíz de lo que se iba leyendo por los balances de marzo. Y allí, vale la pena acotarlo, las sociedades todavía no realizaban una cuantificación del regalo adicional: que significará el costo de la energía. La alternativa a no pasarse al combustible líquido: es discontinuar producción. No alcanzaría con dar vacaciones en mitad de año, como algunas han ensayado, y seguramente que en otros insumos que les llegan a las sociedades: ese costo de energía también estará presente, al tener que abonar más por la materia prima que se requiera. Todo un círculo vicioso y que, se sabe, termina por ir al consumidor final. Pero, con el techo del consumo y la competencia, una parte quedará horadando el margen de muchas de las compañías. Es un mal que resultará intrínseco, desde adentro de la inversión y en lo que hace al rendimiento de las empresas. Más todo lo exógeno y que está a la vista en lo político, en lo económico, y ya con creciente virulencia: en lo social. Harta ver en los noticiarios las notas con movilizaciones, pancartas, anuncios de paros en innumerables gremios estatales en general y privados, en buena parte. Algunos lo han expresado clarito: «Si el gobierno tiene ese superávit, que lo reparta...». Y lo mismo dirán los bonistas, mientras se están esperando esas adhesiones que alcanzarían a más de 60%. ¡Ja!



Es que en el mundo actual se está perdiendo alguna vieja ley, de los mercados y el comercio: «Para que haya negocio, tiene que haber un vivo y un tonto». De tan golpeados, los tontos resultan una oferta que escasea y los vivos se han multiplicado. Pero, de tal modo han arrasado a la contrapartida que deben hacer negocios entre ellos. Y la deducción de esa ley es... «entre vivos, no hay negocio». Todos se neutralizan, se hacen zancadillas que se saltan oportunamente, y esto es lo que pueden estar comprobando muchos funcionarios argentinos. Frente político muy turbulento. Frente económico con la espada de los bonos inaceptables y el FMI encima. Se agregó, frente social: tironeando por lo suyo, con las pretensiones que se desprenden de los propios pavoneos efectuados en la cúpula al hablar de crecimiento y superávit. Salió tarde Lavagna a enfriar con un pronóstico de 2005 con menor crecimiento. Le agregó la profecía de un dólar a $ 2,88 (como quien juega a la quiniela). ¿Qué puede indicarle a un ministro, o a un analista, el valor del dólar en un país como el nuestro, que vive pendiente de un hilo? Es un ensayo de pasar por vivo, mucho menos -claro-a los que lanzaron el dólar para 2008, pero como suele titular Ambito: «Poco serio».Y la Bolsa, pobre Bolsa, sufre de achaques varios. Le cuesta respirar, asimilar poco alimento, y encima: le cae mal. Se sabe cuál es el mal: falta el remedio.


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