1 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Quien tenga ocasión de hablar con empresarios, encontrará el ambiente de gran preocupación que se aceleró súbitamente, con sucesos últimos del país. Pero, además de preocupación, está creciendo algo que se suponía materia de un oscuro pasado argentino: el miedo, con todas las letras. Ya hay temas sobre los que solamente se habla en vos muy baja, otros que merecen opinión en privado y de ninguna manera haciéndolo público. Las estadísticas, los indicadores de «confianza» que estructuran consultoras, o las que se componen de actividad industrial podrán arrojar la visión de superficie: pero, por debajo, y como en las relaciones de inflación, existe una inflación «mayorista» del temor, que desdice aquello que la «minorista» es capaz de dispersar. (Y se sabe cuál vale más, en tren de hacer pronósticos inflacionarios y proyecciones.)

De tal medida de la realidad que captamos, vamos dando cuenta al inversor. No para brindarle ninguna primicia, sino el ambiente que se está haciendo más preocupante y que rige las intenciones de expandirse, de invertir, de tirar líneas hacia un porvenir superior. De las extranjeras, ni hablemos, venir a radicar capital en escenario como el que ofrecemos a diario y la semianarquía que está tomando cuerpo: solamente algún símil moderno de Colón, o de Pedro de Mendoza, podría arriesgarse con un emprendimiento fijo.



La formidable escalada de violencia descontrolada concentró episodios graves en muy pocos días y en distintos lugares del país. El obrar por simpatía (en el sentido de la imitación) y en una mancomunión inesperada de fuerzas que parecían ser opuestas entre sí es un ejemplo que va cundiendo velozmente.


Cuando se habla de aquello que impacta sobre la Bolsa, esta vez no hay que ir demasiado a un análisis, o buscar causales en lo económico puramente. El modo en que se detuvo esa tibia corriente de toma de posiciones arrancó en la semana dando señales de un recogimiento de órdenes que -a su modo-ve cotizar también al temor creciente. No por casualidad, el raid corto que pareció elevar al Merval otra vez hacia los 1.000 puntos: se cortó como con un tajo.


Es una mitad de año que, salvo mejor opinión, nos muestra crudamente que se han ido deshilachando principios de un país dispuesto a consolidar sus repuntes y merecerá una urgente revisión del tablero, a vuelta de la comitiva a China, para ver qué camino tomar. Lavagna se mostraba hace unos días preocupado por la imagen que esto daría al exterior, pero es hora de preocuparse por lo que suceda con el escenario interno (y eso que los hechos más delicados estallaron recién días atrás) ante una insólita ausencia del Estado para encarrilar situaciones. Y la Bolsa nos irá marcando en sus paneles el grado de preocupación que se fue instalando.


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