¡Qué difícil es tener que operar en Bolsa, en un medio como el nuestro! Ya la actividad, por no poseer en sus acciones más sostén que el que se consiga en el intercambio de la compra y de la venta, resulta la de mayor riesgo en todo el mundo: inserta en un contexto como el argentino, se vuelve explosiva. Pero el mercado se instaló y ha perdurado por ciento cincuenta años -todo un número-como si hubiera creado anticuerpos, mutando sus genes, adaptándolos a cada nuevo giro del escenario político y económico. Que ha dejado jirones de su cuerpo en la tarea, no caben dudas, allí están los testimonios de su escasez de nómina listada y sus bajísimos volúmenes. También ha debido dejar por el camino camadas enteras de nuevos inversores, que se subieron en momentos de temporarios auges y debieron pagar caro precio por ello.
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Ahora no se la percibe entregada, acusando de lleno los golpes que la realidad ofrece a diario en el país, ha sabido hacer una pendiente globalmente dura, pero dosificada desde febrero en adelante. Como para decir que muchos «han perdido casi sin darse cuenta», como apuntaban de la Wall Street del '29. Dejándose llevar un escalón tras otro, esperando una reacción, soñando un reputar que la devolviera a sus buenos vientos de 2003. Y así se fue marzo, abril mostró que los rebotes eran para dejar cada vez los pisos más abajo. Y se fue yendo mayo, atravesando niveles que se creían haber dejado atrás. Para encontrarnos en la mitad del año haciendo cuentas y advirtiendo que un semestre completo se deslizó, para carcomer las carteras. Solamente con la quietud ya es pérdida, frente a cualquier alternativa que se mueva algo, el retroceso formal constituye la peor de las noticias. Ahora bien ¿qué se le podía pedir al mercado, frente a una serie de problemas que evidencian el fuera de control de los mismos? A varios de estos funcionarios les caería bien ser el modelo del aviso del desodorante: ante toda encrucijada difícil dejan los brazos pegados al cuerpo y musitan: «siga, siga...» (como el gracioso árbitro que muestra el anuncio). • Si se relevara la verdadera opinión de muchos sectores, de los que todavía intentan rehacer una sociedad, y si los entrevistados contestaron abiertamente: la opinión sobre presente y porvenir inmediatos no se podría difundir. Porque causaría espanto. Pero en la superficie solamente aparecen opiniones de molde, y una pasividad general frente a sucesos que no rememoran bellos pasajes de la historia, sino que nos retrotraen a épocas donde esta decadencia se iba forjando. La plaza bursátil está entre los novecientos y los mil, del índice Merval, por puro empeño de los que porfían en no entregar activos que saben que valen más, junto con la pequeñez del movimiento y que facilita la defensa. ¿Cuál es la esperanza, la apuesta, ahora? «Que toda cabeza dura tiene una grieta en algún sitio» ( Balzac) y que lo que se estuvo haciendo mal, se haga bien. Esto y su historia: es lo que sostiene a la Bolsa.
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