6 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Tanto se reduce y reduce todo, que aun estando en esa muy modesta banda de los veinte a los treinta millones hasta estuvo dando para trepar en la columna de precios. La lectura simple diría que es porque el mercado está demasiado disecado, acaso sobrevendido, tanto para hacer valer algunas pocas órdenes de demanda y encontrar que no existe «papel abajo», de los pisos anteriores. Y cuando se está en el fondo de un pozo, ya se sabe cuál es la única forma de salir. Esto calzaría perfectamente dentro de una época de país y Bolsa, más o menos normales. Pero le queda demasiado holgado el razonamiento clásico a un escenario que se mueve con varios principios anárquicos y capaz de generar noticias delicadas casi a diario. Más que atestiguar en qué marca se encuentra el indicador de cotizaciones, conviene sopesar la liviandad de esas marcas que están hoy allí, mañana no se sabe. «Cual pluma al viento» no es una metáfora antojadiza para volver a utilizar, si hay que definir la tendencia de este medio año. ¿Qué otra comparación puede realizarse ante desarrollos que sorprenden con más de cincuenta millones, o enfrían todo con secuencias de apenas veinte y algo más de millones? Se podría buscar el ángulo del «valor» y no del « precio» de la acción. En tal caso, también, los activos no sólo valen por su presente, o por sus bienes de uso, sino por la posibilidad de estimar qué habrán de producir a cierto lapso. ¿ Alguien, de las mismas sociedades, sabrá a qué atenerse en unos meses vista? No lo creemos. Podrán haber proyecciones, necesarias, pero muy escasa porción de certezas. Viendo cómo se está en lo político aquello que conforma un componente de costos, de margen de ganancias, sólo está flotando. Los papeles que representan a tales sociedades puede que estén muy «baratos» ahora, si es que lo que viene resulta favorable. O puede que en estas marcas sean «caros», donde lo que espera sea una zona de mayores turbulencias y hechos imprevistos.



¿Qué puede quedar de todo esto? El apostar, nada más que jugar en el corto lapso de unos días, una semana, acaso un mes. Llevar la jugada al máximo y arriesgar en las « opciones», para perder o ganar los absurdos porcentuales que deparan, muchas veces en una sola rueda. No hay una alternativa que puede tentar con una mínima renta que seduzca, existe bastante de capital flotante, lo que capta la Bolsa es bien poco. Si se diera una corriente que tense un poco más la cuerda, llevando a volúmenes de cincuenta y más millones, promedio: el techo, partiendo de estos pisos, parece como inimaginable. Pero aquello que suena a sencillo, crecer de un cúmulo muy bajo de efectivo a una cifra solamente más razonable, se ve que no es fácil de lograr. Las ampliaciones son llamadores de ventas: con lo cual queda desairado el concepto de lo disecado y lo sobrevendido. Es como que la oferta solamente está agazapada, esperando el «momentum». Astuta. Cruel.


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