9 de julio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Otra semana corta, dejando en este día que los demás operen y ver qué sucederá en la reanudación del lunes próximo: fecha de festejos en el ambiente bursátil, postergados y anticipados, porque justamente le cayó en sábado 10 el día justo del sesquicentenario. En verdad, no se cumple en lo que respecta a lo operativo, a mercado propiamente dicho, simplemente porque -entre la fundación del 10 de julio de 1854 y la primera jornada de transacciones-pasaron varios meses. La primera hoja del registro de operaciones está fechada un 6 de diciembre -todo sobre onzas de oro, única especie de aquellos tiempos-por lo cual habría que hablar de dobles festejos dentro del año. En julio y en diciembre, desde un marco, un inmueble modesto -alquilado a la familia del general San Martín-hasta que se pudo establecer en transar bajo techo. Los porqué de ese largo paréntesis surcan varias direcciones. Uno, que deslizamos nosotros en virtud del desarrollo previo, es que ya la presión para frenar el desmedido «agio» de los muchachos que operaban en la calle, en los zaguanes, sobre el precio de la onza, llamó a organizar de prisa alguna sociedad, que los contuviera y les pusiera límites. El asunto es que cuando quisieron juntar adherentes, hubo muchos borrados al momento de tener que pagar la cuota de inscripción y sumarse a una entidad que tenía el antecedente del fracaso de la Bolsa Mercantil de 1821. Y un pleno desconocimiento general, acerca de qué hacer adentro de una Bolsa.

Con todo, se cubrieron 150 años de historial y la Bolsa de Comercio está presente dentro de la sociedad argentina. Al respecto, en cupones anteriores repasábamos lo sucedido en la etapa «moderna» -los últimos veinte años, desde la inauguración del nuevo recinto electrónico-y alguien nos preguntó si es que estábamos en contra de los avances, de la tecnología, de los instrumentos. Le respondimos que «de ninguna manera». Estamos en contra de estrategias mal diseñadas, de políticas que se proclamaron como de la grandeza para el sistema y terminaron por dejarlo en varios de sus aspectos -salvo el tecnológicomucho más atrás que veinte años. De nada valen poseer tecnología de punta, agregado de especies transables, formas operativas, si no se les sabe dar la debida dosificación y la estrategia de hacer cambios en los momentos justos. La deserción masiva de capital popular, que antes se producía ante algún derrumbe de precios es un hecho, que no se ha podido volver a levantar con el paso de estos años. Y una inversión que tiene sus fundamentos en lo popular, quedó encerrada en cuatro paredes mucho más altas que en los tiempos de aquel «viejo recinto a tiza». Adentro, una comunidad muy reducida de operadores y carteras que gestan y disuelven movimientos, casi sin que nadie preste atención. El ciclo de 2003, tan notable como ignorado extramuros, es prueba contundente.

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