Hace justamente una semana, nos provocaba cierto asombro observar una reanudación de actividad con apenas $ 14 millones de efectivo en acciones. Pero lo habíamos dejando entre paréntesis -como algunas otras veces-, aunque sin dejarlo caer en el olvido. Significaba una señal, una muesca en el andar de la tendencia, que bien podía ser levantada en pasos siguientes, pero que había aparecido como un síntoma desagradable. Lo que vino después pareció repetir el dibujo de superar ese valle de un día y encaramarse a una cfira más a tono con el promedio del año. Visto está que la Bolsa se ha dispuesto a dar sorpresas seguidas, porque después de reflotar en cifras -hacia los $ 30 millones- y amenazar con acercarse a esos ansiados 1.000 puntos del índice, se metió nuevamente en un pozo de jueves y viernes, hasta decaer a poco más de $ 12 millones. Quedaba esa imagen distorsionada de verla con mejoría en precios globales, con un volumen que no alcanzaba ni para abrir una de las fuertes líderes en tiempos razonables. Y ahora, lo debía dispersar en todo el mercado. Tres ruedas en un tramo corto, amagando con que el síntoma se tradujera en enfermedad, atacada de deserción, cubierta por el desinterés, huérfana de capital habilitado para buscar sus especies.
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Tal los tiempos que corren, donde a la actividad no se la tiene en cuenta, esto no levantó polvareda. Tampoco sabemos qué inquietud haya sembrado en el ambiente interno, pero no es para tomar con demasiada calma una demostración como la observada. Siempre queda esa carta, en la manga de la esperanza, de que se trate de una estrategia urdida para succionar hacia abajo los precios cuanto se pueda; y, al no conseguirse, que las fuerzas se anulen mutuamente. El problema es que, entre dos que se anulan, lo que se consigue es anular al mercado como tal. Y resulta desaconsejable acostumbrarse a caminar sin alimento, dejar que todos los operadores se acomoden a las circunstancias y sepan que, con «dos pesos» bien situados, se puede variar la tónica de una plaza o de todo el mercado. Aun a riesgo de que se nos quiera juzgar de alarmistas, o de tomar lo excepcional como habitual, no creemos que se trate ya de un episodio de índole extraordinaria. La plaza de julio denota que hay una carencia preocupante de capital. No, justamente, porque se pueda decir que falte capital flotando. Lo hay, no tiene alternativas, pero ha borrado a lo bursátil de un plumazo. Quizás haya una detención en carteras institucionales, pero tampoco aparecen las individuales de peso. Nos interesa un comino lo que suceda con las cotizaciones, si por delante hay semejante sequía de negocios.Y se sabe que, a la corta o a la larga, las variables se deben poner de acuerdo: con volumen hacia abajo, es difícil aguantar precios hacia arriba. A menos que también en esto estemos estrenando nueva fórmula. Informate más
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