6 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Habrá que erigir una especie de «lunes negro» en lo que hace al nivel de negocios en Buenos Aires? Ya es muy extraño lo que se reiteró el lunes pasado respecto de lo de julio, con esa caída a pique de las órdenes en el comienzo de semana. Y el martes, levantando a unos $ 26 millones: más del doble de actividad de un día para el otro. Hmmm... algo debe ocurrir, porque la causalidad sería demasiado grande y cuando se ha reiterado en el último período, sin que existan explicaciones de índole operativa que satisfagan en encontrarle una respuesta. No son cambios de ritmo dentro de lo natural, y en la medida en que puede consentirse como propio de un mercado que varía veinte, treinta, hasta cincuenta por ciento en dos fechas. Hablamos de caer hasta cerca de los $ 12 millones, para recomponerse a la zona de los $ 26 millones. Un corte de energía, como cuando algo en la instalación está en un principio de cortocircuito, que no llega a cortar del todo el suministro pero cuando las luces hacen ese guiño sintomático o un aparato se apaga momentáneamente.

Preguntamos a varios profesionales, no le encuentran un argumento concreto a tales bajones a los mínimos del año más escandalosos en mucho tiempo. No los dejamos pasar así nomás desde esta columna: quedan debidamente registrados y comentados. También las reacciones posteriores. Quizá no se le preste demasiada atención en el ambiente. Y probablemente no tenga importancia para indagarlo. Pero nos mueve la ansiedad por saber qué es lo que sucede con ese síndrome local de los «lunes negros» en negocios.

Ahora sólo nos resta aguardar por el próximo reinicio semanal y ver qué sucederá. Lo que no quita que la baja de tensión no reaparezca cualquier otro día, como ya sucedió en julio. No hay mucho más para entretenerse, dicho sea de paso, en un mercado que no cuenta con escenario de seres vivientes, donde las terminales trabajan a media marcha y los balances de junio todavía no empezaron a llegar. Hay que buscar en esas perlitas un motivo para generar el atractivo. Y si es que algunos lectores también se preguntan por los causales de esos pozos de aire de órdenes en que se desliza el mercado, rogaríamos ayudar a indagar sobre los argumentos racionales. Difícil que exista una mancomunión de operadores, como diciendo: «Hoy es lunes, no voy a trabajar. La orden la dejo para mañana». O que en la gran mayoría, al unísono, aparezca una inquietud subyacente que no resulte noticia a la vista. La alta polarización en el origen de las órdenes, para un mercado que ha quedado sin calor popular, sin posiciones diseminadas, tal vez nos pueda orientar. El hecho de que pocas firmas hagan mucho, con tal de que un par de ellas se borre un día: todo se comprime. De cualquier forma, la pregunta se recicla: ¿qué lleva a tales carteras a no operar, súbitamente? Hmmm.

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