9 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Notable pase de velocidad, de un lunes para un miércoles subiendo más de tres veces el total de efectivo diario. Es para el asombro estadístico, pero también es para pensar que si lo único que parecía estar dentro de movimientos pasibles de ser seguidos entra en la locura, todo pasa a ser un revoltijo absoluto. Los precios tienen como un pasaporte -en nuestro tipo de mercados- para ser volátiles, imprevisibles, sensibles a cualquier corriente de aire que los aborde. Pero, cuando es el volumen el que se mete en la batidora, esa aleación resulta mortífera. Inclusive para los que se mueven en el «trading» y que precisan de la liquidez inmediata, diaria, como una principal condición para arriesgarse. Esto entró en terreno peligroso, porque de una rueda movida, con volumen aceptable para esa necesidad se puede pasar a otra fecha donde casi todas las puertas y ventanas del mercado se cierran. Cuando se decae a zona de entre doce y quince millones, como sucedió, ni siquiera la trilogía superior del ponderado (Galicia, Petrobras, Acíndar) es capaz de poder llamarse «líquida» con propiedad. Y es quedar atrapado en un «piquete» bursátil, donde nada más se puede salir en fila india y con escasas cantidades. Hay quienes pueden postergar, volver a la rueda siguiente o una de más allá. Pero también están los que tienen que cerrar operaciones ese día, y el problema trae un dolor de cabeza.

Realmente, en la levantada del miércoles ya no se sabe cuáles resultaron los argumentos. Estando alejados de aquellos supuestos estímulos políticos, sepultados de inmediato por otras noticias, la mejoría no tenía demasiado asidero ante medidas como las de las retenciones petroleras, que tienen que calar hondo en la comunidad empresarial. Es la confirmación de estar en manos de quienes meten mano, a gusto propio, hasta sobre las simples leyes de los mercados. Y si saben que los precios se conforman sin participación local, lo que dicen es que no lo resisten. Y operan. Dos figuras es seguro que deben estar en carpeta, por si se dan las situaciones: control de cambios, si hay turbulencia demasiada sobre el dólar. Y control de precios, donde esas mediciones de inflación -que casi nadie puede creer, porque la realidad diaria habla de mucho más- se les escapen a lo que han anotado en la estimación. Las cartas van apareciendo una a una, pero también se puede ir armando el rompecabezas de los que dicen no tener planes: sucede que hay planes, pero son tan urticantes para mostrarlos, que mejor ir sacando las barajas de a una en fondo.


Tratar de torcerles la mano a voluntad a los mercados ha sido siempre la tentación de los gobernantes del mundo, como para mostrar el poder que poseen. Pero no han podido hacerlo por mucho lapso, las presiones terminan por salir todas justas: un buen día. Mejor, recordarlo.

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