10 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Cuántas veces caben $ 12 millones en casi $ 48 millones? No se haga problemas: muchas. ¿Y en qué lapso nuestra plaza accionaria puede estar en una punta o en la otra? Tampoco acuda a la consulta: en un suspiro. Casi para decirle que, de un viernes para un lunes, usted puede botar algún navío de buen calado y que navegue a sus anchas. Como podrá tenerlo anclado en los médanos, sin señales algunas de advertencia. La pasada semana, lo que deparó el Merval resultó una leve merma sobre la semana anterior. Pero se trató de un período particular y donde hay que volver a cotejar la cuestión: en pesos y en dólares. La suba de la divisa amplió el rango bajista de nuestras acciones, como varias otras veces salía beneficiada en dólares, por encima de los pesos. Cambios, turbulencias que van armando un tipo de mercado encima de otro, hasta convertir el pizarrón en un enchastre: porque no se borra lo anterior escrito y hasta puede reaparecer el mercado de abajo, por encima del estrenado.

El gran desconcierto en que todo está sumido en la población, viéndose envuelto en la mar de declaraciones y salidas impulsivas a seguir toreando a todo el mundo, tanto puede hacer reanimar el precio de un dólar: como aplastar intenciones de consumo o inversión. Un juego peligroso, que se avala con los mismos discursos que están anotados en la historia de los funcionarios: decir que «todo está bajo control. Que hay tanta cantidad de reservas»... y todo lo demás. Hartos de oír manifestaciones ministeriales de pegarles un «sogazo». De estar esperando con «los casos puestos». Y de un control que dura... hasta que todo se descontrola. Es el mal argentino: que nunca aprende de sus experiencias, muchas y penosas, y que transita lugares comunes que ya han transitado otros (otros, fallidos en los cargos).

¿Romper con el Fondo? No se da como hipótesis posible de demostrarse. Aunque la historia, especialmente toda la reciente, no deja margen para desestimar nada.Aun lo imposible es capaz de ser realizado. A nosotros no nos agarran más «para el churrete» (como nos decía un viejo profesor de contabilidad, en años mozos). No le damos más oportunidad a nadie, ya sea de cualquier partido o ideología, para que nos sorprenda. Simplemente, creemos que toda hipótesis de mínima puede ser demostrable en la Argentina. Y que siempre podremos estar un poco peor. Al menos, mientras veamos permanecer a ciertos personajes en cargos encumbrados, que fueron entusiastas hacedores del desastre actual. No existe cuento donde sea el verdugo el que haga de héroe y salvador. Siempre se espera por príncipe intrépido, impecable de presente y de pasado. Seguimos esperando por el personaje que responda a tal perfil. Lo demás, mezclar deseos con realidad, esperanzas con evidencias, corresponde a los que están envueltos en este torbellino de desconciertos.

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