«¡Pero, muchacha..!», diría la expresiva Tita Merello si hubiera podido oír la nueva arenga oficial -esta vez, en la voz de Cristina Kirchner-, apuntando al Fondo Monetario. Es la misma institución a la que sistemáticamente se opuso a integrar Perón, durante su primera presidencia. Pero era coherente: lo criticaba, mencionaba los motivos por los cuales no quería adherir al país a esa entidad y... se mantenía fuera. Convendría refrescar a la opinión pública, antes de lanzar las consignas, que no somos solamente un país deudor: antes que deudores, somos un país miembro del FMI. Un asociado que convive con tantos otros dentro de una institución y que -de mínima- se supone que está de acuerdo en aceptar sus principios. De lo contrario, como cuando uno no está de acuerdo en el club del que es socio, conviene más borrarse. Lo que no encuentra otra posible explicación (para encontrarle alguna a eso de tratar de seguir pagando al FMI, mientras se lo apostrofa), es que se haga tal intento de guerra de guerrillas económicas buscando ganar tiempo, o quedar bien ante la masa. Las dos frases clave, que se utilizaron en todos los medios como título, resultaron ser: «No hay que hacerle caso al FMI». Y la otra: «que la Argentina actúe igual que Estados Unidos, que le ha ido bastante mejor que al resto de los países que sí lo han hecho...». Bueno, los muchachos de la vieja Europa revistan en la nómina y tan mal no les ha ido. Y suponer que a alguien, como Estados Unidos, le ha ido bien porque no siguió las recetas del Fondo Monetario suena a querer sintetizar demasiado las causas de su peso en el mundo. Como se reparten las ofensivas, está claro que al Presidente le tocaba volver sobre las petroleras. En tanto, un alfil se encargaba de volver a enturbiar el asunto sobre si habrá -o no- arreglo y reajuste de las tarifas eléctricas con las de «servicios». Cada vez baja más oscura el agua de la cascada, aquella que proviene de la cumbre de la montaña y debe dispersar lo suyo por las vertientes del llano. ¿Qué puede esperarse que se comprenda en los sectores económicos y financieros, si todo lo que llega es mensaje cruzado? Afirmar por un lado, desmentir por el otro. Pagar, pero insultar. Irritar acreedores, sabiendo que hay pulgares que nos pueden colocar la lápida si se vuelcan hacia abajo. En definitiva, como pretender cambiar el tablero del mundo, desde la más austral de las posiciones (y no sólo por lo geográfico). Panorama sumamente entrelazado, por momentos advirtiéndose una estrategia oficial, en otros, como si fueran simples arrestos impulsivos según cómo se han levantado ese día. Cuando se tamizan todos esos ingredientes, se advierte que el andar descompensado, a los tropezones, como con una tendencia ya ebria de malos tragos, es la única que le cabe a la Bolsa de tal país. Con semejantes gobernantes y funcionarios.
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