Cupones bursátiles
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Esa banda angosta, que va de los 950 a los 1.000 en el Merval, tiende a la corrección automática en cuanto se acercan, o rebasan, los puntos extremos. Como si estuviéramos en un mercado con órdenes «gatillo», donde las computadoras actúan automáticamente, ese trayecto mínimo se cumple regularmente. Si hay rebote en precios, el volumen no lo convalida. Si existe una depresión en el índice, de pronto la oferta cede y deja que se produzca el rebote. Cadencia frustrante, donde están recortados en sus posibilidades tanto los alcistas como los bajistas. Y ese volumen que se mueve de veinticinco a treinta millones de efectivo, como cumpliendo con una cuota permitida, y no más que eso, sólo por excepción. Lo único que consuela al bolsista local es no ver que exista otro tipo de alternativa de distinto tono: todo está pintado en un gris adormecedor, en el mundo de las finanzas y las inversiones. El repunte del viejo refugio de los «ladrillos» también parece haberse amesetado en los últimos meses.Y la ausencia del crédito fluido hace el resto, para negarle caudal a la fuente bursátil.
Es otra semana que se ha deshilachado en el correr de las ruedas, esperando por la orden que no llega, o el festejo por alguna de cierto porte que provenga de un institucional, o de una sociedad poderosa. Es ver pasar los días dentro del tedio y comprobar que, al sonar la campana de las cinco, no ha quedado nadie.



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