23 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Llega escaso combustible por las tuberías, toda vez que se precisa de un cambio de marcha, el motor de la tendencia vuelve a ratear. Al haber más intenciones que dinero, los intentos van quedando cortos y el volver a empezar se convierte en un pesado ir y venir, que cada vez consigue más adhesiones. Los vestigios de «acumulación» de posiciones, esa primera fase imprescindible para dar el vuelco de fondo, se ha ido perdiendo en el correr de las semanas y lo que se observa inamovible es lo otro: el entrar y salir, la diferencia en períodos breves, dentro de un régimen de negocios que se vino afirmando en agosto, hasta por debajo de las marcas modestas de sus antecesores.

Más personajes se incorporan a la escena en el entorno bursátil, imprevistos como la visita del titular del Fondo Monetario -¿qué traerá en el maletín?-, la escalada petrolera que pone en figurillas el esquema del costo energético. La suba de insumos, la que vuelve a mencionarse asiduamente en diversos balances de distintos rubros, una llegada a saturar la capacidad instalada, y una ausencia de nuevas inversiones, ancladas por muchos motivos diferentes. La postración que debe asumir la tendencia bursátil ya ha sido tema de comentarios desde todos los ángulos, pero siempre hay que volver sobre lo mismo.

Esa banda angosta, que va de los 950 a los 1.000 en el Merval, tiende a la corrección automática en cuanto se acercan, o rebasan, los puntos extremos. Como si estuviéramos en un mercado con órdenes «gatillo», donde las computadoras actúan automáticamente, ese trayecto mínimo se cumple regularmente. Si hay rebote en precios, el volumen no lo convalida. Si existe una depresión en el índice, de pronto la oferta cede y deja que se produzca el rebote. Cadencia frustrante, donde están recortados en sus posibilidades tanto los alcistas como los bajistas. Y ese volumen que se mueve de veinticinco a treinta millones de efectivo, como cumpliendo con una cuota permitida, y no más que eso, sólo por excepción. Lo único que consuela al bolsista local es no ver que exista otro tipo de alternativa de distinto tono: todo está pintado en un gris adormecedor, en el mundo de las finanzas y las inversiones. El repunte del viejo refugio de los «ladrillos» también parece haberse amesetado en los últimos meses.Y la ausencia del crédito fluido hace el resto, para negarle caudal a la fuente bursátil.


Es otra semana que se ha deshilachado en el correr de las ruedas, esperando por la orden que no llega, o el festejo por alguna de cierto porte que provenga de un institucional, o de una sociedad poderosa. Es ver pasar los días dentro del tedio y comprobar que, al sonar la campana de las cinco,
no ha quedado nadie.

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