24 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Sería interesante conocer en qué segmentos y en qué grado de polarización se encuentran las carteras accionarias de los minoritarios. Seguro que allí estaría bien semblanteado el curso de la plaza, tras haber soportado inclemencias serias y por largo tiempo. Lo de 2003, un año excepcional y que merece estar entre lo mejor que puede presentar la historia, en cuanto a ejercicios muy positivos, queda así en un paréntesis. Porque el desempeño de 2004, a lo largo de estos ocho meses, resulta un apagar de luces constante y una zona de desinterés por lo bursátil, que no halla salida.

Tal estadística, no pormenorizada, aunque sí como porciones de la clásica «torta» gráfica, resulta como un secreto de la actividad. Podría realizarse, en época de datos profusos y con identificaciones por tipo de inversores. Como lo tienen que mostrar las AFJP o los fondos tradicionales, aunar cuánta cartera está en posesión de los particulares y radicada en qué tipo de acciones resultaría una forma de conocer esa realidad del mercado de hoy. Perdone el lector, estamos solamente fantaseando, por más que se puede partir del dato que brindan -obligatoriamente- las empresas y donde mencionan cuál es la cantidad en manos del grupo de control y qué sección del capital está en manos de la minoría. Sumando todo ello, se llega a saber una parte de la verdad: cuánto del capital está flotante. Si a tal cifra se le restan las posesiones de los fondos, se arriba a otra sección, el global de lo que puede considerase atomizado en manos individuales. Lo único que faltaría sería saber es en cuántas cuentas, carteras, se divide el total que está disperso. Allí se tendría esa precisión de lo que está polarizado, en manos fuertes, lo que queda como más volátil y de manos «débiles»: y a cuánto asciende, en estos momentos, el parque de inversores de nuestra Bolsa.

Los pasos que fuimos implementando se pueden concretar, desde una base de datos como Caja de Valores. No por ello se habrá de vulnerar ningún secreto ni se trasvasaría una barrera ética. Como
botella al mar, dejamos la inquietud por si alguien la recoge y lee el mensaje: «Es preciso conocer cuántos somos, cuántos quedamos. Y qué perfil general poseen esos dueños de tenencias».

Hay sociedades de Bolsa que poseen departamentos muy bien equipados para elaborar sus boletines internos o para sus clientes. Están en condiciones de realizar tal radiografía del esmirriado cuerpo que presenta nuestra plaza. Y saber hasta qué punto se ha perdido caudal de adherentes, como lo trasunta el pobre volumen que ha quedado de herencia. Quizá se pensará que la época, tan dejada a su suerte la Bolsa, no lo justifica. Pero, al revés, resultaría muy útil conocer el estado del paciente y qué glóbulos le quedan. Es posible que se haya formado una figura grotesca, desequilibrada.

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