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Sobre tan frágiles patas se armó la gran mesa de llevar adelante cotizaciones de activos oficiales, o privados. Y está bien que se tengan esperanzas, pero cuidado de no confundirlas con evidencias, con hechos. Con bosquejos que ya están planteando qué habrá de suceder en adelante. Con las cuentas necesitando vigorizar todavía más el superávit, pero en medio de un año donde lo electoral habrá de predominar y con superpoderes para rediseñar destino de los gastos. La primera de las patas, donde se apoya el grueso del movimiento, y que es llegar a un resultado positivo en el canje de bonos (antes de tener que lidiar con el FMI) ya no exhibe actitudes tan triunfalistas. Tal como está presentado el menú, parece que no tiene tantos comensales dispuestos a tragarlo.
Por el bien no ya del mercado, sino de todos, mejor que realmente sea cierto que los arreglos y acuerdos llegarán de una, u otra manera. Pero, la soberbia y los impulsos, el mal entendido orgullo, la «patriada», no está fuera de concurso en esta historia. Hay quienes no dudarían en ejercer ese tipo de «soluciones», si la cuestión se les pone espesa. Y posacuerdos, igual se abrirá un año 2005 donde la palabra «refinanciar» será la de más alto rating. Más de lo mismo.