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Y desde el mercado accionario en sí, el sistema ha venido reflejando un pique de optimismo que no tuvo en absoluto a lo largo de todo enero. Despertó en febrero cierta fiebre alcista en los indicadores, al tiempo que la entidad que da cuenta de esa secuencia porcentual en aceptación del canje iba deslizando sus números. Algo más de 30%, a la semana pasada, no resultaba un número para emocionarse -menos, proviniendo casi todo del subordinado orden local- pero quizá, como en las «bocas de urna», se hayan realizado proyectados que indican cierta cifra que se sitúe -de mínima en las discretas marcas que Lavagna diera como ejemplo y asumiera como «satisfactorias» para el gobierno (o al menos, para el ministerio a su cargo). Sabido quiénes resultarán los «fusibles», en caso de un resultado que no sea «satisfactorio» políticamente, dentro de la telaraña fabricada de la sensación de que unos juegan de araña y otros... de insectos que juegan su funcionaria vida, en manos de los bonistas.
Una cruel paradoja, propia de los vericuetos que tiene la historia, que la carrera de algunos personajes aparezcan dependiendo de la voluntad de quienes han sido poco menos que vapuleados por ellos: los bonistas. No quisiéramos estar viviendo horas que les toca vivir a ciertos nombres, protagonistas del mecanismo implementado, y que deben querer enterarse -casi, hora por hora de qué modo se está «votando» respecto de la adhesión.
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