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Como a Lavagna parece que algún funcionario de organismo del exterior le recordó que en la cuenta de la deuda se le habían «extraviado» unos veinte mil millones de dólares, es apasionante saber de qué modo se puede llegar a congeniar posiciones. No son «chirolas», y responde al verdadero saqueo, formal, que el país podría ensayar sobre sus acreedores.
Suena a demasiado grueso el tendal, como para que nadie se vaya a preocupar por heridos y contusos. Lo que sí se puede elogiar es la dureza de rostros, en nuestros representantes, capaces de decir sueltos de cuerpo que: el que no canjeó que se embrome. Si semejante bulto pasa por la aduana de todos los observadores y organismos, habrá que creer en que existe un raro halo protector sobre las autoridades actuales. Y si son capaces de escabullir veinte mil millones de dólares, sin dar un cobre a cambio, deberán estar a la cabeza de todo ranking de ilusionistas que se quiera realizar.
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