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Algún lector, seguramente, se estará sonriendo frente a lo que le suene como una inocentada. Pero, en caso de suceder lo que imaginamos (que nadie se hace cargo de estimar efectos y plantear estrategias) es otra cuestión que puede agregarse a lo poco serio de una gestión. Por momentos parece haber tiempo para todo, hasta para ir en persona a inaugurar un colegio barrial, pero no parece haberlo para tratar los asuntos que hacen a la base de la Nación. El caso del euro es como para desgranarlo con sapiencia, con conocimientos profundos de política internacional, y como para ya estar elevando un informe a la Presidencia con las hipótesis y las alternativas. Si Francia queda sola en su posición, si se le agregan varios otros, si solamente será Holanda. ¿Qué puede ocurrir con los siguientes pasos de semejante región unificada, en el caso de que suceda «A», o en el de «B»? ¿Qué debería ya estar elaborando la Argentina, frente a lo que puede ser un cambio tenue, o radical, de escenario? ¿Cómo quedarían nuestros intereses, respecto de un reacomodamiento entre las divisas? Nada parece suceder, como si todavía estuviera gobernando un Sarmiento y enterándose de las noticias por barco: o desesperado, como lo hizo, queriendo inaugurar el telégrafo. ¿Se están dando cuenta nuestros políticos, en especial los gobernantes, de que existen otras cuestiones además de si Cristina o Chiche?
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