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A solamente unos días de cumplirse otro aniversario de la entidad, el 151°, se tiene un panorama de absoluta desazón en todos los ámbitos que hacen a lo bursátil. No porque los precios bajen, los volúmenes se aplasten, las reacciones se frustren, sino por lo otro: por esa sensación de que las ruedas siguientes pueden ser una repetición sistemática de lo visto, esa especie de resignación -de entrega- que es el peor de los virus para fomentar la muerte virtual de un sistema.
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