Si no suceden catástrofes imprevistas, puede decirse que julio habrá de culminar dando beneficios en las acciones. Como primera misión, levantando la piedra de un junio que dejó a todos helados con su caída de 8% en el índice Merval. Y, hasta el viernes, era justamente esa marca la que venía reportando julio a la cartera líder. Todavía con varias ruedas por delante, como para fijar utilidad adicional. En segundo término, volviendo a colocar al resumen del año en positivo y cuando todo lo que se había podido conseguir en mayo se había ido por la rejilla. Tercero, para lo estadístico, el séptimo mes podría desnivelar una cuenta que venía muy pareja, en los últimos quince años: con 7 alzas y otros 7 años bajando, de ser este julio de 2005 positivo pasaría al frente por 8 a 7, en cuanto a un ejercicio más de alzas que de caídas.
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Vencer a los 1.500 puntos estaba costando bastante en las recientes ruedas, merodeando así la zona de los 1.485 puntos, y esto es el cierre que había tenido mayo, solamente recuperando terreno perdido. Recordemos que el año ya se había puesto muy entonado en febrero, donde el Merval terminó fijando la marca de 1.558 puntos, con aquel brillante 13,2% de aumento. Es bastante para decir de julio, pero no todas son estadísticas halagüeñas. Porque nos llevará al octavo mes, y agosto no posee un pasado que llame al entusiasmo. De los últimos 14 años, solamente en 5 ejercicios el mercado consiguió subas. Y en nueve períodos debió asumir caídas en el índice. Una diferencia abrumadora y que, junto con noviembre en igual diferencia, convierte a tales masas en las zonas más perjudiciales dentro del ejercicio. Lo mejor, lo más contundente y ganancioso sigue estando en los cierres y en las aperturas: diciembre resulta sumamente propicios -12 a 2 para las alzas-, y el primer mes siguiente, enero, que se anota con 11 a 4 por la ganancia de acciones.
Todo esto, obviamente, es nada más que un jugar con las estadísticas. Pero, como nos decía un buen amigo inversor: «Cuando quedan pocas cosas en qué creer, siempre me las arreglo confiando en que el mercado repita sus historias...». Concepto que también tiene sus opiniones contrarias. Y una sentencia que se ha hecho universal es la que dice, justamente: «El mercado no tiene memoria». No la tiene, posiblemente, pero existen coincidencias en zonas buenas y malas que han merecido largos estudios en la meca de Wall Street y alrededores. Acerca de los mejores y peores días de la semana, o las zonas del año a las que se buscan explicaciones racionales que justifiquen desniveles tan marcados y persistentes. Tómelo el lector como un conjunto de señales simpáticas: agosto, malo. Muy bueno setiembre, favorable octubre. Pésimo noviembre, brillante diciembre. Y, desde allí, dedíquese a ver qué sucede. Informate más
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