9 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

La búsqueda de acentuar el «dirigismo», en este caso modificando la Ley de Competencia y otorgando poder exclusivo a ministros de Economía, se había colocado en el Senado en esta semana. La idea que subyace es que, evitando un oligopolio, precios en nivel acordado por los participantes, se debería generar una competencia. Y que la misma debería traernos mercados rompiendo hacia abajo. Algo que no es tan simple como los deseos. La competencia puede también hacer que los precios rompan hacia arriba, pero no queremos imaginar las reacciones oficiales si un escenario tal se llegara a instalar. No hace mucho se vio con las petroleras un caso que desató las iras presidenciales hasta para vociferar e irse de largo en sus amenazas. Pues bien, era una compañía decidiendo aumentar sus precios de expendio. Las demás no la habían seguido, por lo cual el consumidor podía muy bien penalizar a la marca más cara y solamente cargar en estaciones más baratas. Pero, no. Aunque parezca un absurdo, dentro de tal sector clave existe una suerte de «oligopolio»: propiciado desde marcos oficiales.

En verdad, lo único que se admite es un figura que quiebre hacia abajo: siempre. Y si los precios rompen hacia arriba, allí estará la espada vengadora para cortar cabezas. Las cementeras fueron objeto de una durísima y singular sanción, tomando períodos de archivo y desde épocas donde estaban algunas en otras manos. Lo que no se puede saber es si, en caso de agarrarse de las mechas las empresas, los precios del cemento hubieran sido más bajos o más altos. Es un producto muy particular, dentro de un país con extensión muy particular. Donde las regiones se vayan mezclando, el factor, el costo del flete y la comercialización, pueden llegar a crear una figura de tener que competir con precios en las alturas, no en el valle. Sacarlo, lo sacan todas, lo tienen fijo en una cantera: llevarlo es la cuestión. Y por más que se quieran enarbolar libros de texto, hablando de que la competencia debe generar rebajas, lo mejor es primero recordar que en nuestro medio puede llegar a rodar hasta la ley de gravedad.
 
Lo que se olfatea de tales tipos de poderes que se otorgan es una velada muestra de poder amedrentar a cualquier sector que les venga en gana.Y si, por el otro lado, desatan furias cuando surge reacomodamiento en alza, lo que se envía de mensaje es que la única competencia admitida debe tener a todos los participantes corrigiendo hacia atrás, hacia abajo. En tal caso, no importaría nada una «cartelización», si ésta se formalizara con niveles inferiores a los de una competencia. Esa imagen vista sólo en películas, de marcas de combustible dándose con todo para captar al consumidor, aquí se resuelve con disposiciones uniformes.Y cuando se habla de competir, como en alimentos, lo que hacen las empresas es lanzar segundas, terceras marcas, con terribles saltos de calidad. Barato y malo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar