7 de octubre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Una buena en la semana, independiente de lo que estuvo sucediendo con el índice de precios. Y es que, a fuerza de reiterarse, lo que antes era novedad y hasta promoviendo el asombro, ahora parece una costumbre. Mejor que no se crea en el «derecho adquirido», el vicio muy frecuente para las subas de precios y que, después, generan serios disgustos. Sabrá el lector de qué le estamos hablando. Sí, de eso mismo, del nivel alcanzado por los montos de negocios.

Que lo vemos desde un ángulo distinto al que poseen, naturalmente, los que lo traducen en comisiones o en derechos de mercado. Desde el simple punto de vista del sistema, del inversor en Bolsa, de las sociedades cotizantes, lo que viene sucediéndose con el volumen para acciones nos parece esencial.

Combustible líquido, capaz de hacer despegar la nave de un mercado que aspira a recuperar lugares en el ámbito local. Y, más todavía, a reconquistar una plaza inserta en el ránking regional, como antes. Porque, sepámoslo bien y apartemos el simple entusiasmo de si una rueda va a subir, o a bajar, en sus precios: hay que quebrarle el espinazo a una muy larga zona decadente de lo bursátil, en su expresión accionaria.

Y resulta de vital importancia que esa base de negocios se convierta, ciertamente, en habitual. Arriba de los $ 100 millones de efectivo, con entrada y salida asegurada para cualquier dimensión de inversor. Esto, nos parece, hay que ponderar, festejar, rogar para que persista. Los mercados con estilo «bandoneón», como un fueye que se abre y se cierra, terminan por no dar confianza de cierto plazo a nadie. Quedan para el juego corto, necesario en ciertas dosis, malo si es casi excluyente.

Porque entonces sí se gana el rótulo de simple juego, donde los que intervienen no invierten... sólo apuestan.


El «fantasma» de los tres dígitos, que sólo venía una vez a la semana, se estuvo afincando en estas semanas. No ignoramos que existe buen caudal en todas las inversiones alternativas, como los bonos, pero no hace mucho se producía lo mismo y las acciones sólo miraban. Tiene también el flanco positivo de que la oferta esté siempre presente, regulando, recortando excesos, porque genera el recambio de manos, de posiciones, de gente y capital que participen desde otra altura.

Probablemente lo que decimos no importe a muchos, es difícil resignar lo individual en aras de lo colectivo (mucho más si se participa como protagonista del momento alcista) pero alguna vez todo el sistema deberá volver a levantar la mira: dejando la resignación de estar donde se pueda, aprovechando apenas los rayitos de sol que calientan una zona del Merval.


Será que estamos un poco viejos, abogando por cosas que ya no están (como el recinto operando a pleno), pero la expresión de deseos, la esperanza de tener un fuerte mercado de la región,
no nos abandonan.

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