18 de octubre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Paso atrás en la región, con los índices que se situaban en zona de 20% de rinde anual y que, con el cierre de la pasada semana, luchaban en terreno próximo a 15%. Pero todas las miradas se posaban por un título que sembraba preocupación en alta dosis: una inflación mensual de 1,2% en Estados Unidos, desconocida desde 1980, con la foto del «zorro» Greenspan apareciendo en todas las pantallas. Los operadores daban por seguro una nueva suba de tasa desde la Reserva Federal, pero ya la seguridad de continuar con el gradualismo de sólo un cuarto de punto entraba también en terreno movedizo. ¿Y si en el Norte la llevan a 4%, o más, qué es lo que harán en Europa con sus niveles a la mitad de eso? ¿Dejar que la aspiradora americana les lleve capitales, como seguramente les podrá pasar a los emergentes/indigentes?

No resultaban buenas nuevas para nadie en el mundo, mucho menos para mercados que viven -en buena medida- de «prestado», para sostener sus negocios.

Y he ahí una doble encrucijada que deberá atravesar nuestro Merval, expuesto por un flanco a los efectos y derivaciones de lo político, como a designios del exterior que podrían restarle el mejor atributo conseguido en nuestra plaza: la muy buena liquidez en entrada y salida de acciones. Tomar diferencias, correr al abrigo de una tasa mucho más tentadora en lugar casi seguro, no da mucho para pensar a la mente foránea. Que, repasándolo nuevamente, es ciertamente fenomenal un índice de inflación como el de setiembre en la economía de Estados Unidos. Si se lo atribuyen a los costos de la energía, resulta que ahora ingresan a su temporada otoño/invierno y la demanda que se recalienta, por cuestión estacional. Aquí parece no inquietar demasiado a nadie que la inflación se instale cómodamente, pero seguramente que por allá se estarán tirando de los pelos. A menos que el viejo «zorro» extraiga una fórmula nueva, la búsqueda del remedio ortodoxo parece resultar lo más seguro por aplicar. Con ello, los efectos también pueden garantizarse. Y habrá que estar atentos por un mercado local que pudiera retornar a cifras de modestos dos dígitos.

 
Con ello, la dinámica y lubricación de la plaza se vería muy condicional.Y los cuellos de botella, ante manos presurosas por cambiar fichas en la salida, derivan en traumatismos varios para los precios. Un trimestre final del año que se enturbió por razones encadenadas, con el mercado dando señales de advertencia concretas a través de sus derrapes casi inimaginables. Pensar en «tomas de ganancias» resultó solamente pretender cubrir el boquete con un papel, con un índice debajo de los 1.600 puntos ya no había toma de utilidad que valiera: era huida simple, nada más. Lo mejor de tratar de interpretar el escenario, antes de decorarlo para que parezca otro.

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